La BioDiversidad y los Ecosistemas son esenciales para la salud humana

Por: A. Alonso Aguirre

Environmental Science and Policy, George Mason University, 4400 University Drive MSN: 5F2
Fairfax, VA 22030-4400. https://science.gmu.edu/directory/alonso-aguirre

Hoy, más que nunca, la relevante importancia de la ecología, ante la devastadora pandemia de COVID19 causada por el SARS-Co-V2, no podría ser mayor; cuando ésta se asocia con la deforestación, el tráfico ilegal de fauna silvestre y su consumo y ha cruzado las barreras de las especies, como sucedió con SARS, MERS, Ébola y la gripe aviar. Nuestras vidas han cambiado para siempre, es imperativo que debemos aplicar todo nuestro conocimiento ecológico, biomédico, práctico y tradicional para lidiar también con otras situaciones ambientales, como el cambio climático, la pesca excesiva, la pérdida de hábitats, la alteración del ciclo de nutrientes y la dispersión de especies invasoras. Ustedes son la nueva generación de ecólogos, médicos, veterinarios, científicos, sociólogos, antropólogos e ingenieros que seguirán encontrando soluciones a estos problemas tan complejos, pero firmemente afianzados en los principios fundamentales de la teoría ecológica.

Han pasado 18 años desde la publicación del libro “Medicina de la Conservación: Salud Ecológica en Práctica”; en 2002 nuestro libro presentó la tesis que la salud humana, la salud animal y la salud ecosistémica son inseparables. De hecho ´la salud conecta a todas las especies del planeta.’ Un gran desafío actual del trabajo de los científicos, practicantes y alumnos de diversas disciplinas, es poder considerar nuevas maneras de colaborar y abordar los muchos problemas ecológicos que continuaremos enfrentando. Hemos construido el marco de referencia para explorar las conexiones de la salud humana y animal, marcando las fuentes ambientales de organismos patógenos y contaminantes, comprendiendo sus causas ecológicas; abordando también las consecuencias de las enfermedades hacia las poblaciones y comunidades que forman los ecosistemas. Sabemos que es sumamente necesaria más investigación transdisciplinaria y traslacional para encontrar soluciones reales. Ya con dos décadas del siglo 21 detrás de nosotros, continuamos observando cambios dramáticos en la ecología de la tierra, mismos que se manifiestan con nuevas y potencialmente consecuencias catastróficas en la salud, en la vida del planeta y en el destino de la humanidad.

La disciplina de Ecología de Enfermedades Infecciosas ha sufrido los más grandes cambios desde los inicios de la decada de los 1980s, cuando yo era estudiante en la Universidad Estatal de Colorado. Debido a mi experiencia en veterinaria, me sorprendí de la dinámica del curso de la Ecología de la Fauna Silvestre, que describía lad enfermedades como una parte de los ecosistemas y poblaciones animales. En ese entonces, la Ecología de Enfermedades Infecciosas era una compilación de modelos epidemiológicos que asumían que las enfermedades eran otra parte en el modelo de la capacidad de carga y la mortalidad compensatoria de animales salvajes (Figura 1). El campo ha evolucionado de manera dramática en los últimos 30 años, de hecho, actualmente, todos los ecólogos que conozco quieren trabajar en este campo. Ahora más que nunca necesitamos conectar Ecología y Salud de maneras inimaginables, para conocer el fenómeno de la dinámica que envuelve la ecología de los agentes infecciosos, la patogénesis en el huésped, las interacciones de predadores y presas, y los mecanismos complejos que llevan a la propagación de enfermedades entre especies a través de las barreras de los ecosistemas, para  entender el porqué de este “spillover” (la transmisión de agentes infecciosos de poblaciones animales reservorias -comunmente domésticas, a huéspedes nativos de fauna silvestre) caracteriza la aparición de enfermedades emergentes, particularmente afectando a especies en peligro de extinción, a los humanos o animales domésticos. Eventualmente en algunos casos el spillover revertido  o “spillback”, patógenos establecidos en fauna que vuelven a infectar huéspedes tanto nativos come animales domésticos y humanos.

Figura. 1. Desde 1991, nuestro grupo de investigación ha estado estudiando la etiología de una enfermedad fatal y desfigurante de tortugas verdes ‘honu’ (Chelonia mydas) en las Islas Hawaianas, llamada fibropapilomatosis, aunque se han identificado tres virus, la etiología primaria se desconoce.

Las causas del deterioro de la salud ecológica son complejas, globales y pobremente comprendidas. Los enfoques tradicionales al desarrollo de la ecología, las estrategias de salud y la protección al ambiente ofrecen soluciones limitadas; la rápida globalización, el consumo de carne de animales silvestres y el tráfico ilegal, han conducido a un interés sin precedentes en el entorno ecológico de las enfermedades infecciosas y su efecto en la dinámica de la complejidad humana, que incluye la migración, la hambruna, los desastres naturales, las guerras y el terrorismo (Figura 2). Ahora más que nunca, es esencial para los ecólogos trabajar muy estrechamente con los oficiales de salud pública, veterinarios, economistas, políticos y el público en general, para que se comprendan las bases transdiciplinarias de la ciencia detrás de las enfermedades infecciosas, las cuales en la mayoría de los casos son zoonóticas con origen en la fauna silvestre.

Figura. 2. Los mercados de animales vivos (‘mojados’) en China y otros países representan la mayor fuente de enfermedades zoonóticas emergentes como COVID19, SARS, MERS, Ébola y la gripe aviar. Exite evidencia que esas enfermedades virales provienen de murciélagos, que se consideran reservorios naturales.

‘Pensar de manera global y actuar de forma local’, es una tendencia en aumento en el mundo moderno, pero lo opuesto, “pensar de forma local y actuar de manera global”, representa la necesidad de la capacidad global en entrenamiento ecológico. Necesitamos redes de investigación y comunidades de práctica capaces de romper las barreras institucionales y construir puentes de colaboración, para que la próxima generación de doctores planetarios y guardianes ecológicos serán críticos y esenciales para darle la vuelta a las tendencias actuales. Siendo coherentes con esta filosofía, necesitamos luchar para asegurar la duración del impacto de la conservación local, con soluciones globales a la salud, con cada proyecto, entrenando a cada comunidad, a los líderes, voluntarios, niños de primaria y alumnos universitarios.

Creo que tenemos la “caja de herramientas” para comprender las causas subyacentes que han llevado a estos cambios ecológicos a enfocarse en una solución orientada, dando enfoques integradores, como las colaboraciones transdisciplinarias, el pensamiento sistémico y el manejo adaptativo (Figura 3). Es extremadamente antropocéntrico convencernos que la justificación para proteger la biodiversidad es la salud humana, ahora es tiempo de construir la pieza faltante: ‘como la biodiversidad y los servicios ecosistémicos dependen de nosotros’, es tiempo de cambiar nuestro modo de ver al medio ambiente; COVID19 está dando a la humanidad, una pausa para pensar en nuevas y creativas formas de controlar nuestro mundo de manera sabia y sustentable, para beneficio, bienestar y salud de todas las especies del planeta.

Figura. 3. a) La transdisciplinaridad puede visualizarse como un proceso que encapsula tres actividades de reforzamiento y superposición mutua: orientación del problema, integración y adaptación. b) Este proceso puede ser separado en una secuencia de acciones específicas que representan un protocolo a seguir en sequencia: Transdisciplinaridad, Pensamiento Sistémico y Manejo Adaptativo (Wilcox, Aguirre et al. 2019). 

Referencias

Wilcox B.A., A.A. Aguirre, N. De Padua, B. Siriaroonrat, and P. Echaubard, 2019. Operationalizing One Heath employing social-ecological systems theory: lessons from the Greater Mekong Subregion. Frontiers in Public Health doi: 10.3389/fpubh.2019.00085 

Reseña del autor

Durante los últimos 30 años el Dr. Aguirre ha trabajado en 23 países, concentrándose en la conservación de las especies y los ecosistemas en peligro de extinción.  El fundó la disciplina emergente de la Medicina de la Conservación,  la revista técnica EcoHealth  y la  Asociación Internacional de Ecología y Salud. Sus investigaciones han sido un instrumento sobresaliente para conocer el impacto de las enfermedades emergentes en la vida silvestre marina. Con subsidios de la NSF, USAID, USDA, NOAA, otras agencias federales y organizaciones y fundaciones benéficas, ha publicado 5 libros y más de 160 artículos referenciados con otros expertos.  En los Estados Unidos de América, el Dr. Aguirre es miembro de la Academia Nacional de la Cienciasy actualmente se le nombró en el panel de expertos de la Plataforma Intergubernamental de la Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). Además, ha asesorado a los gobiernos de diferentes países de América Latina, del Sudeste Asiático y Europa Occidental, así como al congreso de México y de los Estados Unidos, acerca de la biodiversidad y temas de salud. Su trabajo ha sido de interés para los medios informativos, instituciones académicas e instancias gubernamentales, que le han otorgado numerosos reconocimientos alrededor del mundo.

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Las prácticas agrícolas a pequeña escala promueven la regeneración de selvas saludables: estudios en la Selva Lancandona, Marqués de Comillas, Chiapas, México

La Selva Lacandona es una de las áreas más grandes con selva húmeda de gran biodiversidad en Mesoamérica. Aquí, hace más de mil años, la civilización maya desarrolló sistemas agrícolas que mantenían a poblaciones de más de 50,000 personas que vivían entorno a ciudades ceremoniales. Tal actividad humana causó deforestación con consecuencias ecológicas y sociales negativas. Siglos más tarde, sin embargo, el bosque se regeneró naturalmente y la Selva Lacandona alberga actualmente una extraordinaria diversidad de plantas y animales.

Durante la década de años setenta del siglo pasado, el gobierno de México dotó terrenos de la Selva Lacandona a personas de diferentes lugares del país, específicamente, en la región de Marqués de Comillas, comenzando con ello una nueva ola de conversión de bosques a la agricultura. La conversión de bosques ahora se realiza con herramientas tecnológicas y formas agrícolas que los Mayas no tenían, tales como agroquímicos, maquinaria pesada, ganadería extensiva y monocultivos grandes de plantas perennes (incluida la palma aceitera africana). Alrededor del 70% de la selva madura se ha perdido en menos de 50 años y con ello un invaluable capital natural. Junto con esta perdida, se ha producido degradación del suelo, particularmente en sitios donde coinciden un suelo naturalmente pobre, el uso frecuente de fuego y agroquímicos y las actividades ganaderas. Además, las tierras degradadas a menudo son infestadas por malezas agresivas, que impiden la agricultura y la regeneración natural de los bosques.

Fotos: Arriba, un paisaje en la Selva Lacandona; a la izquierda del río Lacantún está la Reserva de la Biosfera de Montes Azules, a la derecha está la región de Marqués de Comillas (delimitada por el río y la frontera de México con Guatemala, en amarillo). Abajo, la cobertura de la selva húmeda (verde oscuro) se va reduciendo después de 14 (1984) y 44 años (2014) desde la colonización humana en Marqués de Comillas. Imágenes de Google Earth proporcionadas por Esteban Martínez.

Historias como esta se repiten en los trópicos de todo el planeta, contribuyendo a grandes pérdidas de biodiversidad y de las contribuciones invaluables de las selvas al bienestar humano. La población humana está creciendo, llegando pronto a 8.000 millones de personas, y con ello crece también la demanda de productos agrícolas. Por lo tanto, la humanidad enfrenta el gran dilema de cómo conservar y restaurar los diversos bosques tropicales bajo la creciente demanda de alimentos agrícolas.

La entrada puede ser corta o larga, una introducción de tu vida o una declaración de los objetivos del blog, un manifiesto de cara al futuro o una breve descripción del tipo de cosas que pretendes publicar.

Estudiantes e investigadores de México y otros países llevan a cabo estudios en Marqués de Comillas, explorando formas de conciliar la conservación, la restauración forestal y la producción agrícola. Se ha encontrado que las prácticas agrícolas de pequeña escala (menos de dos hectáreas), que no utilizan agroquímicos ni fuego y mantienen una alta cobertura de árboles nativos, permiten la regeneración de los bosques cuando se abandonan los campos. Ejemplos de estas prácticas son los sistemas agroforestales y silvo-pastoriles, que combinan la biodiversidad forestal local con plantas agrícolas de interés social y económico. En contraste, el bosque no se regenera en campos abandonados donde la agricultura incluye el uso frecuente de agroquímicos, de fuego y maquinaria, dejando poca o ninguna cobertura de árboles, y es extensiva (> 10 hectáreas), como ocurre con los pastizales inducidos para la crianza de ganado y las plantaciones de palma africana. Los estudios muestran además que para garantizar altos niveles de biodiversidad y preservar el potencial de regeneración de los bosques naturales, es fundamental mantener grandes porciones de cobertura forestal (más del 50%) en el paisaje. Tales paisajes en la forma de mosaicos agro-forestales pueden ofrecer una amplia gama de productos forestales y garantizar la persistencia de las funciones y servicios del ecosistema, que son importantes para la regulación del clima, el mantenimiento de la fertilidad del suelo, el control de plagas agrícolas, el suministro de polinización biótica para cultivos y la conservación de fuentes de agua dulce, entre otros beneficios para el bienestar humano.

Basado en:
Martínez-Ramos, M., A. Pingarroni, J. Rodríguez-Velázquez, L. Toledo – Chelala, I.
Zermeño – Hernández y F. Bongers. 2016. Regeneración de bosques naturales y restauración ecológica en paisajes tropicales modificados por el hombre. Biotropica 48: 745-757.