Saberes ambientales locales y sustentabilidad

Por: Andrés Camou Guerrero

Andres.camou@enesmorelia.unam.mx. Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia. Universidad Nacional Autónoma de México.

Hoy en día se reconoce ampliamente la estrecha relación que han tenido los diversos grupos humanos con los ecosistemas, la cual se traduce en múltiples interacciones desde las cuales se plantean las agendas de investigación en diversos campos de las ciencias ambientales. Uno de los motores que actualmente impulsa dichas agendas son los procesos de deterioro ambiental cada vez más y mejor documentados (Barnosky et al. 2014). Es en este sentido que existe una larga trayectoria de investigaciones en las cuales se re-valoran y re-significan experiencias particulares de sociedades humanas en interacción con sus ecosistemas circundantes, y desde donde se considera viable crear alternativas de solución al deterioro ambiental.

Un referente clave que actualmente impulsa la búsqueda de modelos sustentables de vida es el de la diversidad biocultural y el cual explica las complejas expresiones de la diversidad cultural y biológica como “mutuamente dependientes y geográficamente coexistentes” y este axioma biocultural como lo define Nietschmann (1992), nos permite establecer un postulado central de partida: “reconociendo la amplia gama de interacciones entre las comunidades rurales y los ecosistemas, la conservación de la biodiversidad en países como México no puede estar separada de su aprovechamiento”, y por ello los saberes ambientales locales pueden ser la base para la sustentabilidad socio-ecológica. Desarrollar investigaciones sobre la diversidad biocultural en el caso de México resulta trascendental hoy en día, no solo porque se ubica como el segundo país a nivel mundial de mayor riqueza biocultural, sino también por el valor intrínseco universal que esto representa y el potencial que tiene en la búsqueda de estrategias de adaptación y modelos de desarrollo.

A partir de la década de 1960 se ha observado un creciente interés a nivel mundial por entender las múltiples formas mediante las cuales las comunidades interactúan con los ambientes donde se desarrollan. En este sentido, se reconoce que en la mayor parte del mundo existen de manera paralela, diversas modalidades de relación con la naturaleza embebidas en los contextos culturales de los pueblos indígenas y campesinos. En dichos contextos se han logrado mantener y adaptar un cúmulo de saberes generados a partir de la relación directa con la naturaleza, mismos que están profundamente arraigados a referentes simbólicos y cognitivos particulares. Al respecto es necesario hacer notar que hay diversas formas mediante las cuales se les ha denominado a estos “otros saberes o sistemas de conocimiento” y que aquí son referidos como saberes ambientales locales (SAL). La connotación de “saber” se ajusta a la planteada por Berkes (2012) en el sentido de que se les reconoce “como un cuerpo acumulativo de conocimientos, prácticas y creencias que evolucionan mediante procesos adaptativos a través de las generaciones mediante transmisión cultural”; por otro lado se integra la noción de “ambiente” en la perspectiva de denotar un saber que integra tanto la dimensión socio-cultural como la biofísica y lo “local” remarca la condición de que cualquier forma de conocimiento es el resultado de una construcción social particular, históricamente contextualizada.

La relevancia de los SAL ha motivado numerosos estudios que documentan los patrones de aprovechamiento de los recursos naturales en comunidades indígenas y campesinas los cuales reconocen que estos saberes son fundamentales para lograr los objetivos de sustentabilidad bajo el supuesto de que dichas comunidades conforman sistemas socio-ecológicos de alta resiliencia. En estos sistemas, las estructuras sociales, de conocimiento y las prácticas tecnológicas convergen en un modelo de manejo integral de los ecosistemas que se ajusta continuamente a las condiciones cambiantes de la cultura y las condiciones biofísicas, que corresponde a lo que ha sido denominado manejo adaptativo. A partir de lo anterior se ha puesto de manifiesto que el saber-hacer indígena y campesino sobre la naturaleza desarrollado en un proceso histórico de larga duración, constituye un legado de enorme valor y un referente clave en el diseño de modelos alternativos de desarrollo, así como un elemento insustituible del Patrimonio Biocultural.

Referencias

  • Barnosky, A. D., Brown, J. H., Daily, G. C., Dirzo, R., Ehrlich, A. H., Ehrlich, P. R., … & Wake, M. H. (2014). Introducing the scientific consensus on maintaining humanity’s life support systems in the 21st century: Information for policy makers. The Anthropocene Review, 1:78-109.
  • Nietschmann, B. 1992. The interdependence of biological and cultural diversity. Occassional Paper No. 21.
  • Berkes, F. 2012. Sacred ecology. Tercera Edición. Nueva York. Routledge.

Reseña del autor

Dr. Andrés Camou-Guerrero es profesor Asociado C de Tiempo Completo Definitivo en la ENES Unidad Morelia; Doctor en Ciencias por el IIES de la UNAM. Tiene una experiencia de 11 años impartiendo cursos de licenciatura y posgrado y ha dirigido 14 tesis de licenciatura y 3 de maestría. Además, actualmente dirige 6 tesis de licenciatura, 2 de maestría y 4 de doctorado. Es miembro fundador e investigador de la Red de Patrimonio Biocultural del CONACYT y presidente de la Asociación Etnobiológica Mexicana. Es tutor del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, Ciencias Biológicas y Geografía Ambiental de la UNAM. Actualmente es el responsable de la línea de investigación de Procesos Bioculturales en el Territorio del Laboratorio de Estudios Transdisciplinarios sobre el Ambiente de la ENES Unidad Morelia. Tiene experiencia de trabajo con organizaciones civiles y comunidades indígenas y campesinas del norte y centro occidente de México.

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La conservación de los bosques se logrará con la silvicultura comunitaria: Caso Ejido Caborachi, Chihuahua, México

Por: Martín Martínez Salvador

Profesor de la Facultad de Zootecnia y Ecología. Universidad Autónoma de Chihuahua. msalvador@uach.mx

Poco más de una tercera parte de la población mundial habita en ecosistemas de bosques y selvas, mientras que el 100% de la población gozamos de manera directa o indirecta de los productos y servicios que producen estos ecosistemas (Figura 1), por lo que la conservación de los bosques es un asunto de interés global (Martínez-Salvador et al., 2019). En los últimos 30 años México han establecido compromisos internacionales encaminados a lograr el desarrollo sustentable (Pinedo-Álvarez et al., 2017). Entre los principales compromisos para la conservación de los bosques están el Proceso de Montreal, el Protocolo de Kyoto y la operación de los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible. En las líneas de acción de estos procesos se destaca el respeto por las costumbres y culturas, la erradicación de la pobreza, el respeto a los derechos humanos y la conservación de la naturaleza. Estos preceptos de política internacional solo podrán ser cumplidos si las estrategias de convivencia hombre-naturaleza funcionan a nivel local.

Figura 1. Panorámica del Bosque y comunidad en la sierra Tarahumara (Autor. Edgar Chaparro)
Figura 2. Imágenes de los bosques y tradición tarahumara (Autor. Martín Martínez Salvador y Edgar Chaparro)

Entre los años 1950 y 1990 la política nacional de manejo forestal estuvo controlada por las decisiones del estado y la federación (Martínez et al., 2019). Posteriormente de 1990 al 2000, en la Sierra de Chihuahua, el aprovechamiento forestal fue controlado por los industriales y comercializadores de maderas. En los últimos 20 años se ha iniciado un proceso de reconversión de la actividad silvícola que intenta ser aplicada con base en las decisiones e involucramiento de los dueños de los bosques. Esta nueva silvicultura es la llamada “Silvicultura Comunitaria”, la cual se ha fortalecido, además, por los procesos políticos de organización social vinculadas con los principios de gobernanza ambiental.

El ejido Caborachi está localizado a 23 kilómetros de la ciudad de Guachochi, Chihuahua, sobre la carretera federal a Parral en la parte alta de la Sierra Tarahumara. En 1954, la comunidad fue dotada de una superficie de 27, 997 ha de bosques templados. El ejido está integrado por 421 ejidatarios, 387 hombres y 34 mujeres. Esta comunidad está conformada mayoritariamente por población indígena de la etnia Tarahumara, también llamada Rarámuri (Rara “Pie”, Muri “Corredor) (Figura 2). Esta nota es un reconocimiento al esfuerzo que los habitantes de esta comunidad indígena han realizado para retomar el control y conservación de sus recursos con base en su cosmovisión, la cual eleva por sobre todas las decisiones el respeto a la naturaleza y por convertirse un ejemplo exitoso de silvicultura comunitaria.

Figura 3. Patio del Aserradero del ejido Caborachi con representantes de la Comunidad (Autor. Martín Martínez Salvador).

Los usos y costumbres de la comunidad indígena Tarahumara están íntimamente relacionados con la protección y conservación de los recursos naturales (Agua-Suelo-Plantas-Animales), con respeto a lo que la Madre Tierra y el Padre Dios proveen (Guerrero et al., 2000). El sistema de aprovechamiento del bosque de acuerdo con la visión de la comunidad indígena se basa en un tema de saneamiento y protección del ecosistema procurando conservar la complejidad del paisaje. Esta visión no contraviene las propuestas de desarrollo sustentable; sin embargo, la globalización de los mercados, las formas de comercialización y la propia legislación, constantemente están en contra de los intereses de los dueños de los bosques. Ante esto, la comunidad y ejido Caborachi han desarrollado un sistema de organización que involucra la participación de todos sus miembros a través de un sistema de gobierno llamado “Consejo Consultivo”, el cual fue creado en el año 2013 y está formado por un presidente, un secretario, un tesorero, un promotor forestal comunitario que vincula a la comunidad con las dependencias del estado y la federación, un técnico forestal que elabora el programa de manejo con base en la regulación actual y la teoría silvícola, el comisariado ejidal, los gobernadores indígenas y una persona representante de cada localidad que se encuentra dentro del territorio de los bosques de Caborachi. Este consejo plural opera bajo un reglamento específico que garantiza la voz y voto de todos sus participantes. De esta manera han encontrado un camino armónico para el manejo de sus recursos naturales, el respeto de los usos y costumbres, la promoción de sus tradiciones y el acompañamiento para el logro de las aspiraciones de sus habitantes (Figura 3).

Actualmente el Ejido Caborachi cuenta con certificaciones internacionales de buen manejo de sus bosques y de cadena de custodia por parte de Forest Stewardship Council. El objetivo principal de la silvicultura comunitaria se refiere al acceso de los dueños de los recursos al uso y manejo de sus bienes, así como a la toma de decisiones. Este objetivo no está desvinculado de las aspiraciones de los tratados nacionales e internacionales para la protección del ambiente. El ejemplo del ejido Caborachi muestra que la organización incluyente para la producción forestal es una alternativa viable para caminar hacia el uso y manejo pacífico y equitativo de los ecosistemas forestales. 

Referencias

  • Martínez Salvador, M., Sosa Pérez, G., Chacón Sotelo, J. M., Pinedo Álvarez, A., Villarreal Guerrero, F. and Prieto Amparan, J. A. (2019). El monitoreo forestal por medio de Sitios Permanentes de Investigación Silvícola en Chihuahua, México. Revista mexicana de ciencias forestales10(55), 56-78.
  • Pinedo-Álvarez, C., Chacón-Chumacero, K. O., Pinedo-Álvarez, A., Martínez-Salvador, M., Rentería-Villalobos, M., Santellano-Estrada, E., and Rodríguez-Piñeros, S. (2017). Using Social, Economic and Land-Use Indices to Build a Local Sustainability Index in a Mining Region of the Sierra Tarahumara, Mexico. Resources6(3), 42.
  • Guerrero, M. T., Reed, C., y Vegter, B. (2000). La industria forestal y los recursos naturales en la Sierra Madre de Chihuahua: impactos sociales, económicos y ecológicos. México: Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, AC & Texas Center for Policy Studies.

Reseña del autor

El Dr. Martín Martínez Salvador es ingeniero en zonas áridas y maestro en ciencias forestales por la Universidad Autónoma Chapingo, doctorado en Uso, manejo y preservación de los recursos naturales por el CIBNOR y posdoctorado en ecología por Oregon State University. Ha publicado más de 60 artículos científicos y 4 libros técnicos, ha participado en diversos comités técnicos y de investigación nacionales e internacionales en temas de manejo de ecosistemas forestales, ha sido galardonado con los premios de ciencia y tecnología en Durango en 2008 y Chihuahua en el año 2012. Fungió como líder del Programa Nacional de Investigación en Manejo Forestal Sustentable y Servicios Ambientales del INIFAP, es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor de tiempo completo en la Facultad de Zootecnia y Ecología de la universidad Autónoma de Chihuahua.

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¡Sin maguey no hay mezcal, pero sin territorio no hay identidad!

Por: Ignacio Torres-García

Licenciatura en Ciencias Agroforestales, Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. itorresg@enesmorelia.unam.mx

La crisis sanitaria mundial por la que atravesamos actualmente ha sido relacionada directamente con los daños ambientales que los patrones de intensificación de los modelos productivos imperantes han provocado. La transformación y pérdida de grandes áreas silvestres como reservorios de biodiversidad y múltiples beneficios ecosistémicos, la gran contaminación de suelos, agua y aire, así como la extracción desmedida y comercialización de vida silvestre, las podemos ver reflejados en un desbalance climático y ambiental generalizado. Estos fenómenos ponen en riesgo, no solo a todas las formas de vida en el planeta, sino que también a nuestra propia existencia como especie. Lamentablemente, en Latinoamérica incluido México, los patrones de intensificación en lugar de estar disminuyendo o tratándose de aminorar sus efectos, se agudizan día a día, incluso pareciera que el confinamiento actual ha sido una ventana de oportunidad para ampliar la frontera de esta intensificación, a pesar de las advertencias señaladas por la comunidad científica, la realidad sanitaria que estamos experimentando y el sentido ético común. La expansión de las franjas aguacateras, los túneles de berries y los monocultivos de agave son parte de un patrón de agro-extractivismo que tiene solamente un objetivo, el económico, sin preocuparse en las consecuencias ambientales o socioculturales (y mucho menos de remediarlas), ocasionadas en los territorios donde son implementados estos modelos agroindustriales (Tetreault et al. 2021).

La primer Denominación de Origen (DO) en México fue la de un destilado, el tequila. Su desarrollo marcó la transformación masiva de miles de hectáreas de bosques secos, determinando la pérdida de toda su biodiversidad, en “desiertos azules”, es decir monocultivos sin diversidad genética que son dependientes de agrotóxicos. Determinando también la perdida de intrincadas relaciones de las sociedades que ocupaban y cultivaban de manera tradicional esos territorios y los múltiples recursos. La especialización del territorio marca una tendencia que invisibiliza y diluye el conocimiento tradicional, las diversas oportunidades que representa el territorio y sus especies e inclusive los múltiples usos que tienen los agaves (Torres-García et al. 2019). Esta tendencia sigue agudizándose con la expansión de la DO mezcal (la DO más grande del mundo) y la replicación de esta, con la cuestionable creación de la DO raicilla. Si revisamos los informes anuales de los distintos consejos reguladores de estas agroindustrias, su mayor indicador de éxito es la cantidad de litros exportados, cantidad que ha crecido exponencialmente en los últimos 10 años. Una evidencia reciente de la gravedad en estos patrones de intensificación ocurrió en este 2020, en medio de la pandemia deforestaron cerca de 50 hectáreas de izotales conservados, para establecer monocultivos de agave, en las inmediaciones y dentro de la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán, en la porción poblana, en un proyecto relacionado con una empresa cuyo objetivo es la exportación y utilizando estrategias ventajosas de renta de tierras (Figura 1).

Figura 1. Deforestación de vegetación conservada en la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán para establecer monocultivos de Agave. El área semi-árida más biodiversa de México. Julio 2020. Créditos: CONANP.

A pesar de este desolador panorama existen en la actualidad diversas experiencias de manejo ejemplar y amigable con la biodiversidad que han sido identificadas gracias a un proyecto colectivo llamado la Red Nacional de Manejadores de Maguey Forestal, representado por MILPA A.C. (Manejo Integral y Local de Productos Agroforestales). Algunos ejemplos de estas experiencias son: el manejo forestal comunitario practicado en Guerrero (Illsley et al. 2018), diversos sistemas de manejo agroforestal en Oaxaca, Michoacán, Jalisco (Figura 2). Estos sistemas de manejo tienen un valor inmenso, ya que se conservan cuatro aspectos fundamentales que se han perdido en otros esquemas donde se han adoptado manejos intensivos: 1) la diversidad genética de la especie y su conservación como planta silvestre y recurso natural, 2) el ecosistema y un alto porcentaje de las especies animales, vegetales, microorganismos, etc., 3) beneficios ambientales y 4) el tejido social y las formas de gobernanza local. La diversidad de recursos presentes en estos agroecosistemas le da vida y sustentan a las sociedades y culturas locales que las manejan. Desde la Red de Manejadores de Maguey Forestal hemos desarrollado cuatro reuniones nacionales para propiciar el intercambio de conocimiento de campesino a campesino, propiciar el diálogo de saberes, reforzar las capacidades locales, acercando a las experiencias y difundiendo el valor de una visión integral del territorio agavero y la inclusión del conocimiento tradicional.

Valdría la pena preguntarnos de dónde viene el destilado que tomamos y cómo podríamos apoyar a estas valiosas experiencias que representan un esfuerzo por tratar de conservar el equilibrio entre una actividad económica, la conservación del ambiente y la identidad sociocultural.

Figura 2. Manejo agroforestal de Agave cupreata en las inmediaciones sureñas del Municipio de Morelia y Tzitzio. En este sistema se conservan diversas especies arbóreas, así como beneficios ecosistémicos y muchos otros recursos forestales no maderables. Diciembre 2020 (autor: Ignacio Torres-García).

Referencias

  • Illsley, C., Torres-García, I., Hernández-López, J. J., Morales-Moreno, P., Varela-Álvarez, R., Ibañez-Couch, I., & Nava-Xinol, H. 2018. Manual de manejo campesino de magueyes mezcaleros forestales. México: Grupo de Estudios Ambientales AC. ISBN: 978-607-95925-1-6
  • Tetreault, D., McCulligh, C., & Lucio, C. 2021. Distilling agro‐extractivism: Agave and tequila production in Mexico. Journal of Agrarian Change 1-23. DOI: 10.1111/joac.12402
  • Torres-García, I., Rendón-Sandoval, F. J., Blancas, J., & Moreno-Calles, A. I. 2019. The genus Agave in agroforestry systems of Mexico. Botanical Sciences97(3), 263-290. DOI: 10.17129/botsci.2202

Reseña del autor

Ignacio Torres-García estudió biología en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y su maestría y doctorado en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad dentro del Posgrado de Ciencias Biológicas de la UNAM. Ha colaborado con ONG´s y asociaciones campesinas mezcaleras en el Proyecto de la Red Nacional de Manejadores de Maguey Forestal, proyecto que involucra el intercambio de saberes campesinos y la difusión de técnicas de manejo in situ de especies de agave mezcaleras utilizando técnicas participativas. Es profesor investigador de la Licenciatura en Ciencias Agroforestales de la ENES UNAM Campus Morelia, asociado al Laboratorio de Estudios Transdisciplinarios Ambientales y pertenece a la Red Temática de Sistemas Agroforestales de México. Es parte del Consejo Técnico Académico de la Red Temática de Productos Forestales No Maderables de CONACyT y del consejo del proyecto Batfriendly. Además, forma parte de la asociación civil Manejo Integral y Local de Productos Agroforestales (MILPA A.C.)

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Conocimiento y manejo tradicional de ecosistemas en el Valle de Tehuacán

Por: Mariana Vallejo Ramos.

Jardín Botánico-Instituto de Biología, UNAM. mariana.vallejo@ib.unam.mx

La manera más básica en que el humano se ha relacionado con los ecosistemas es mediante el aprovechamiento. La recolección de frutos, la cacería, la pesca, la obtención de maderas de los bosques, la agricultura y la ganadería, son diversas formas en las que aprovechamos la biodiversidad. Los seres humanos hemos aprendido a lo largo de su historia cómo aprovechar esos recursos de la mejor manera, buscando la forma en que los elementos que están en la naturaleza no se agoten y estableciendo una serie de estrategias que permitan seguir aprovechándolos de manera sustentable; proceso que se ha visto alterado en distintos momentos, sobrepasando a la naturaleza y resultando en consecuencias catastróficas. Así, a lo largo de miles de años, se han generado experiencias y conocimientos que han permitido inventar una diversidad de formas de aprovechamiento y al mismo tiempo, han cambiado el paisaje y a los seres vivos. Esta interacción entre el humano y la biodiversidad ha creado cientos de nuevas especies domesticadas y miles de variedades tanto de plantas como animales.

Actualmente permanecen dentro de las comunidades tradicionales un cúmulo de conocimientos, prácticas, habilidades, técnicas y saberes. Con base en ese conocimiento adquirido y pasado de generación en generación toman decisiones sobre el uso que se le da a los ecosistemas, llevando a cabo un proceso de selección y de acciones sobre los recursos naturales.

Un ejemplo de una región que alberga comunidades tradicionales que han interactuado con sus ecosistemas por miles de años, conservando aún una enorme riqueza biológica, es el Valle de Tehuacán-Cuicatlán, el cual se localiza entre los estados de Puebla y Oaxaca. En esa zona se han registrado más de 3,000 especies de plantas de las cuales 365 son endémicas a la región. Además, cuenta con la presencia de ocho grupos étnicos indígenas, constituyendo así una región biocultural de riqueza excepcional (Dávila et al. 2002).

El conocimiento y prácticas tradicionales dentro de las comunidades presentes en la zona, se expresa en distintos aspectos, se tienen registro de casi 2000 especies de plantas que se utilizan con diversos propósitos (medicinales, comestibles, ornamentales, forrajeras, etc) y 1600 especies vegetales manejadas directamente en los sistemas agrícolas. Los pobladores identifican los beneficios de las plantas, pero también los detalles sobre su distribución, abundancia, interacciones con otras plantas y animales; de la misma manera, conocen sobre germinación, crecimiento y fenología. Todos esto influye significativamente en sus decisiones sobre qué y cómo manejar sus recursos (Casa et al. 2014).

Es importante señalar que el conocimiento tradicional, en la región, no es un proceso terminado, se encuentra en constante construcción, lo que permite desarrollar prácticas de manejo que se adaptan ante los cambios ambientales y culturales; incorpora nuevas técnicas, herramientas y prácticas productivas, sin que esto signifique necesariamente la depredación de sus ecosistemas. Por ejemplo, la agricultura presenta un gradiente, desde prácticas milenarias con una antigüedad aproximada de 10 000 años, hasta la incorporación de maquinaria y agroquímicos de manera intensiva. Sin embargo, subsiste una visión integral de aprovechamiento múltiple de los recursos. El manejo campesino incluye a la vegetación silvestre, conservando especies nativas. Mediante el manejo constante de los sistemas agrícolas se han creado en la región muchas especies, variedades, sistemas y paisajes. Los cuales son mantenidos y utilizados por grupos culturales, comunidades, familias e individuos; mediados por las creencias, rituales, tradiciones, reglas de uso, conocimientos y las innovaciones desarrolladas en el tiempo (Vallejo et al. 2016).

Resultado de la larga historia de uso, el paisaje del Valle de Tehuacán-Cuicatlán es un mosaico de comunidades rurales indígenas y mestizas, con áreas agrícolas y ganaderas, asentamientos humanos y huertos familiares. Dicho mosaico está inmerso en grandes extensiones de bosques naturales que han sido manejados durante miles de años y que albergan altos niveles de biodiversidad. Todas estas áreas productivas, forestales y ocupadas por humanos son reservorios de una alta biodiversidad y del patrimonio biocultural de México.

Figura 1. Paisaje en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán. Autor Tania Paola Vázquez Delfín
Figura 2. Bosque de Echinocactus platyacanthus. Autor Tania Paola Vázquez Delfín

Referencias

  • Casas, A., Camou, A., Otero-Arnaiz, A., Rangel-Landa, S., Cruse-Sanders, J., et al. 2015. Manejo tradicional de biodiversidad y ecosistemas en Mesoamérica: el Valle de Tehuacán. Investigación ambiental Ciencia y política pública, 6(2).
  • Dávila, P., Arizmendi, M. D. C., Valiente-Banuet, A., Villaseñor, J. L., Casas, A., Lira, R. 2002. Biological diversity in the Tehuacán-Cuicatlán valley, Mexico. Biodiversity & conservation, 11(3):421-442.
  • Vallejo, M., Moreno-Calles, A. I., Casas, A. 2016. TEK and biodiversity management in agroforestry systems of different socio-ecological contexts of the Tehuacan Valley. Journal of ethnobiology and ethnomedicine, 12(1):1-15.

Reseña de la autora

Mariana Vallejo Ramos bióloga por la Facultad de Ciencias de la UNAM, Maestría y Doctorado en el Posgrado en Ciencias Biológicas, UNAM. Actualmente es investigadora en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, a cargo del laboratorio de “Conservación y manejo de comunidades vegetales”. Ha sido docente en la carrera de Ciencias Ambientales en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM y en Biología de la Facultad de Ciencias. Parte de sus investigaciones son sobre el manejo de socio-ecosistemas y cómo estos espacios de interacción hombre-naturaleza pueden conservar altos niveles biodiversidad. Ha estudiado los agroecosistemas, en particular los sistemas agroforestales tratando de entender qué son, quiénes los manejan, cómo se manejan, los motivos de generarlos y mantenerlos, cómo es que están representados en el territorio, qué elementos del paisaje influyen en el establecimiento de ellos, haciendo énfasis en la capacidad de conservación de biodiversidad.

Contacto:

Teléfono: 5556229045

Correo: mariana.vallejo@ib.unam.mx

Researchgate: https://www.researchgate.net/profile/Mariana_Vallejo2

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El tema emergente de los paisajes térmicos

Por: James I. Watling

Universidad John Carroll, Cleveland, Ohio, USA. jwatling@jcu.edu

Un cambio ambiental importante en paisajes antrópicos es el reemplazo del bosque, con sus temperaturas relativamente bajas y homogéneas, por coberturas de tierra más cálidas y térmicamente más variadas (Figura 1). De hecho, la temperatura puede variar más de 10 °C durante el día en pocos metros entre el borde de un bosque y un portero (Figura 2). Este cambio en el “paisaje térmico” puede representar un filtro importante para muchas especies, sobre todo en los trópicos, donde las especies evolucionaron en un rango de temperaturas más estrecho que las especies de regiones más templadas.

Figura 1. Área recién deforestada, cuyas temperaturas son más altas y más variables que el bosque remanente al fondo.
Figura 2. Imagen térmica del borde entre el bosque (colores fríos) y un potrero (colores calientes), indicando las ‘manchas calientes’ en amarillo donde las temperaturas de la superficie puede sobrepasar los 50 °C.

Los animales ectotermos, especies como la mayoría de los peces, artrópodos, anfibios y reptiles (Figura 3), no mantienen una temperatura corporal metabólicamente constante. En cambio, su temperatura corporal, y consecuentemente, su actividad, varían según la temperatura ambiental donde se encuentren. Así, si su temperatura corporal se acerca a sus “límites térmicos críticos”, los individuos se verán obligados a dejar de hacer actividades importantes como el forrajeo o la búsqueda de refugio. En casos extremos, los individuos pueden llegar a morir si las temperaturas se mantienen altas por demasiado tiempo. Este proceso a nivel poblacional puede resultar en la redistribución de especies y comunidades biológicas en paisajes modificados.

Figura 3. Los anfibios y reptiles son vulnerables a los cambios térmicos en paisajes antrópicos.

En los últimos años, he trabajado con varios estudiantes en Colombia para entender las consecuencias de dichos cambios en el paisaje térmico para los anfibios y reptiles. Nuestros hallazgos indican que las especies con menor tolerancia a temperaturas altas son especialmente sensibles a los efectos negativos de la pérdida y fragmentación del bosque. En cambio, especies con “límites térmicos críticos” más altos pueden resistir las temperaturas altas y persistir en las coberturas de tierra intervenidas. También encontramos evidencias de que las especies con menor tolerancia a las temperaturas altas son más susceptibles a la creación de bordes forestales.

El estudio del paisaje término se ha vuelto más relevante que nunca dentro del contexto del cambio climático global. Para ello, el estudio de gradientes ambientales altitudinales es particularmente valioso, al representar un “laboratorio biológico” natural (Figura 4). En particular, el paisaje término está típicamente asociado con la altitud: la temperatura promedio del aire desciende alrededor de 6.5 °C por cada 1000 m de aumento en altitud. Sin embargo, dicha variación altitudinal puede depender de (e interaccionar con) la transformación antrópica del paisaje. El resultado es un paisaje térmico altamente cambiante dependiendo tanto de la altitud como del grado de perturbación del paisaje. En algunos casos, especies restringidas a los bosques de tierras bajas aprovechan las temperaturas más suaves de las zonas intervenidas en tierras altas, y sus abundancias pueden llegar a ser mayores en estas coberturas intervenidas que en el bosque. Esto se debe a que las especies tienen temperaturas preferidas, y el cambio de uso de suelo a lo largo del gradiente altitudinal puede “forzarlas” a refugiarse en aquellas coberturas que presentan dichas temperaturas preferidas.

Figura 4. Las montañas tropicales son paisajes térmicos altamente variables, sobre todo en áreas con intervención antrópica.

Evolutivamente, es común que los anfibios y reptiles tengan una capacidad de adaptación limitada en cuanto su ecología térmica, sobre todo a temperaturas altas. De hecho, en nuestro laboratorio hemos documentado disminuciones en la abundancia de una especie forestal en zonas protegidas de tierras bajas, mientras que las poblaciones en puntos más altos están logrando mantenerse. Algunas especies pueden amortiguar los cambios térmicos debido al cambio climático escogiendo macro- o micro-hábitats en base a sus condiciones ambientales. Sin embargo, las limitaciones térmicas evolutivas sugieren que la interacción entre el cambio climático y el cambio paisajístico puede representar una grave amenaza para especies tropicales en el futuro. Por tanto, preservar el bosque nativo e incentivar la sucesión secundaria pueden ser estrategias importantes para permitir a las especies moverse entre los paisajes térmicamente más amigables.

Referencias

  • Nowakowski, A.J., Watling, J.I., Whitfield, S.M., Todd, B.D., Kurz, D.J., Donnelly, M.A. 2016. Tropical amphibians in shifting thermal landscapes under land use and climate change. Conservation Biology 31:96-105.
  • Nowakowski, A.J., Watling, J.I., Thompson, M.E., Brusch, G.A., Catenazzi, A.l., Whitfield, S.M., Kurz, D.J., Suárez-Mayorga, A., Aponte-Gutiérrez, A.F., Donnelly, M.A., Todd, B.D. 2018. Thermal biology mediates responses of amphibians and reptiles to habitat modification. Ecology Letters 21:345-355.
  • Tuff, K.T., Tuff, T., Davies, K.F. 2016. A framework for integrating thermal biology into fragmentation research. Ecology Letters 19:361-374.

Reseña del autor

James I. Watling (izda) es profesor asociado de la Universidad John Carroll en Cleveland, Ohio, USA. Con sus estudiantes y colaboradores, integra observaciones de campo, experimentos y modelaje espacial para entender cómo responden las especies al cambio global.

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Perturbaciones antrópicas, reordenamientos biológicos y prestación de servicios ecosistémicos en los bosques tropicales

Por: Marcelo Tabarelli, Inara R. Leal

Departamento de Botánica, Universidad Federal de Pernambuco, Recife, Pernambuco, Brasil. marcelotabarelli9@gmail.com, inara.leal@ufpe.br

Las perturbaciones antropogénicas modifican la diversidad biológica a diferentes niveles de organización (desde las poblaciones hasta los ecosistemas), determinando así  la capacidad de los paisajes antrópicos para mantener biodiversidad y proporcionar servicios ecosistémicos de relevancia local y global. En el caso de los bosques tropicales, las principales perturbaciones incluyen: (1) pérdida y fragmentación de hábitat, (2) extracción de productos forestales, (3) caza, (4) incendios, y (5) extremos climáticos asociados con cambios globales (Figura 1). Individualmente o en conjunto, estos procesos están causando la disminución de poblaciones de plantas y animales y la extirpación de especies sensibles a perturbaciones en diferentes escalas espaciales (especies denominadas “perdedoras”). También han provocado la proliferación de especies adaptadas a las perturbaciones (especies “ganadoras”; Figura 2). A menudo, estos procesos también causan la pérdida y/o alteración de las interacciones planta-animal, particularmente la polinización, herbivoría, y la depredación y dispersión de semillas, así como la eliminación de especies clave, y la reorganización taxonómica, funcional y filogenética de las comunidades (Figura 3). Otros cambios ecológicos bien documentados en paisajes antrópicos incluyen: (1) la homogeneización biológica (i.e. pérdida de diversidad beta), (2) el colapso de la biomasa, (3) la pérdida (homogenización) de la estructura forestal, (4) los cambios en los patrones del ciclo de nutrientes y (5) los cambios en el suministro de servicios ecosistémicos. Sin embargo, la intensidad de estas respuestas varía ampliamente entre bosques.

Figura 1. Fotografía aérea de fragmentos de Bosque Atlántico sumergidos en un monocultivo de caña de azúcar en Serra Grande, Alagoas, Brasil. Hoy, el Bosque Atlántico del Nordeste de Brasil tiene solo el 10% de cobertura restante (foto: Adriano Gambarini).
Figura 2. Foto aérea del Parque Nacional Catimbau (Buíque, Pernambuco, Brasil) que muestra un área de bosque seco de Caatinga anteriormente utilizado como pastizal y ahora en regeneración. Los círculos rojos indican colonias de Atta opaciceps, una de las tres especies de hormigas cortadoras de hojas presentes en la región que proliferan con perturbaciones y causan daños a diversos cultivos y vegetación nativa (foto: Jens Brauneck).
Figura 3. Hormiga Dinoponera quadriceps portando una semilla de Jatropha mutabilis (Euphorbiaceae) en un área de bosque seco de Caatinga, en el Parque Nacional de Catimbau (Buíque, Pernambuco, Brasil). Esta especie de hormiga puede transportar semillas hasta 30 m, y se considera un dispersor de alta calidad. Sin embargo, los disturbios antrópicos afectan negativamente a su población, comprometiendo su servicio de dispersión de semillas (foto: Inara R. Leal).

Una hipótesis en la que hemos trabajado en los últimos años es que los bosques que han sido expuestos históricamente a perturbaciones naturales y antropogénicas más intensas son más resistentes y resilientes a las perturbaciones antrópicas contemporáneas. Esto es debido a que usualmente albergan un mayor porcentaje de especies adaptadas a perturbaciones, como las plantas pioneras. Los bosques secos que se encuentran en el límite de la distribución ecológica de los bosques tropicales y los que están expuestos regularmente a fenómenos como los huracanes, son un buen ejemplo. Dado que inmensas regiones de bosque tropical ya se han consolidado efectivamente como paisajes antrópicos y muchos bosques tropicales relativamente bien conservados deben afrontar la misma suerte, los científicos y conservacionistas han realizado un gran esfuerzo para buscar alternativas, directrices y enfoques para el uso de la tierra capaz garantizar y conciliar la actividad económica, la persistencia de la biodiversidad, la prestación de servicios y la calidad de vida de las poblaciones humanas. Así, han surgido conceptos innovadores, como el de los “corredores de biodiversidad”, “paisajes inteligentes”, “paisajes amigables con la biodiversidad” y “paisajes óptimos”. La efectividad práctica y la viabilidad de estos enfoques es un tema de constante debate académico y claramente un desafío político, económico y social. De particular preocupación es el alto costo de oportunidad de los bosques tropicales en comparación con otras formas de uso de la tierra, como la producción de productos básicos (por ejemplo, cereales, carne, biocombustibles). El aumento de la población humana y el aumento del consumo per cápita deberían seguir ejerciendo presión sobre los bosques tropicales restantes, mientras que las iniciativas de restauración y las transiciones demográficas (e.g., del campo a la ciudad) deberían crear oportunidades para la persistencia de los bosques en paisajes antropogénicos.

En resumen, podríamos considerar los bosques tropicales como biotas en transición hacia paisajes con menor cobertura forestal y calidad de hábitat (e.g., bosque maduro), pero también considerar el camino inverso, es decir, paisajes que adquieren una mayor cobertura forestal. Es en este contexto que los nuevos arreglos de biodiversidad (muchos de ellos transitorios) y los enfoques de conservación y desarrollo sostenible están en diálogo. Entre los temas que surgen está el equilibrio entre los servicios y a medida que los paisajes antrópicos acumulan especies ganadoras, incluidas especies exóticas, pero también especies nativas no forestales. De la misma manera, este equilibrio debe observarse en situaciones donde el bosque comienza a ganar espacio en paisajes antrópicos. Destacamos aquí los servicios y perjuicios asociados con la calidad de vida de las poblaciones humanas locales (e.g., el control de plagas y la proliferación de vectores de enfermedades, respectivamente) y la capacidad productiva de los paisajes antrópicos (e.g., la provisión de diásporas para la regeneración de bosques y el aumento de la aridez, respectivamente). Comprender el papel de los nuevos ensambles biológicos, en particular los ensambles modificados funcionalmente, puede ser decisivo para el futuro de los bosques tropicales en el antropoceno.

Referencias

  • Arroyo-Rodríguez, V., Fahrig, L., Tabarelli, M., Watling, J.I., Tischendorf, L., Benchimol, M., Cazetta, E., Faria, D., Leal, I.R., Melo, F.P.L, Morante-Filho, J.C., Santos, B.A., Arasa-Gisbert, R., Arce-Peña, N., Cervantes-López, M.J., Cudney-Valenzuela, S., Galán-Acedo, C., San-José, M., Vieira, I.C.G., Slik, J.W.F., Nowakowski, J., Tscharntke, T. 2020. Designing optimal human-modified landscapes for forest biodiversity conservation. Ecology Letters 23:1404–1420.
  • Melo, F.P.L., Arroyo-Rodríguez, V., Fahrig, L., Martínez-Ramos, M., Tabarelli, M. 2013. On the hope for biodiversity-friendly tropical landscapes. Trends in Ecology and Evolution 28: 461-468.
  • Oliveira, F.M.P., Andersen, A.N., Arnan, X., Ribeiro-Neto, J.D., Arcoverde, G.B., Leal, I.R. 2019. Effects of increasing aridity and chronic anthropogenic disturbance on seed dispersal by ants in Brazilian Caatinga. Journal of Animal Ecology 88: 870-880.

Reseña de los autores

Marcelo Tabarelli. Mi investigación se centra en entender cómo las especies y conjuntos de árboles tropicales responden a las perturbaciones humanas, así como las implicaciones que dichas respuestas tienen para la conservación de la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos en paisajes modificados por humanos. La investigación cubre estudios focales de doctorado y maestría (Amazonia, Bosque Atlántico, bosque seco de Caatinga), pero también revisiones y síntesis. Prestamos especial atención a procesos generalizados como el empobrecimiento y la homogeneización a nivel de la comunidad, la aparición de nuevos ensamblajes, los reemplazos de ganadores y perdedores, las alteraciones crónicas, la sucesión regresiva y las alteraciones de las interacciones planta-animal (dispersión de semillas y polinización).

Inara R. Leal. Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidade Federal de Santa Catarina (1990), magíster y doctorado en Ecología por la Universidade Estadual de Campinas (1994 y 1998) y postdoctorado por el CSIRO-Australia (2010 y 2014). Desde 2002 soy profesora de la Universidade Federal de Pernambuco. Mi investigación se centra en comprender cómo las perturbaciones antropogénicas afectan las interacciones entre plantas y animales, y tengo particular experiencia trabajando con hormigas. Realizo mi investigación en los dos ecosistemas más importantes del noreste de Brasil, el bosque atlántico y el bosque seco de Caatinga, ambos altamente alterados por la actividad humana. Soy miembro de la Asociación de Biología Tropical y Conservación desde 1998, de la Sociedad Ecológica de América desde 2000 y de la Associação Brasileira de Ecologia desde 2012.

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Restauración ecológica: una herramienta de conservación fundamental

Por: Pedro Brancalion

Departamento de Ciencias Forestales. Universidade de São Paulo, São Paulo, Brasil. pedrobrancalion@gmail.com

Conservar la biodiversidad requiere conservar sus flujos, tanto en el espacio como en el tiempo. La naturaleza cambia constantemente y requiere un enfoque dinámico para que pueda conservarse adecuadamente. Los paisajes agrícolas tropicales son muy dinámicos en términos de cambios en el uso de la tierra, pero crean un estancamiento biológico, restringiendo el flujo de energía, especies y genes. En este contexto, la restauración ecológica puede contribuir en gran medida a la conservación de la biodiversidad en paisajes antrópicos, ya que permite la recreación de flujos entre fragmentos de vegetación nativa.

La restauración ecológica implica la conversión de suelos dedicados a usos humanos (e.g. agricultura) en vegetación nativa, y requiere un enfoque holístico y multidisciplinario. La restauración requiere importantes inversiones de tiempo y dinero, y la aplicación de métodos de recuperación adecuados, así como el monitoreo a largo plazo del proceso. En este contexto, varios proyectos de restauración han fracasado, incluso cuando están fuertemente alentados por buenas intenciones, porque utilizan enfoques simplistas del problema, como en los casos en que se cree que la simple plantación de árboles puede resolver problemas socioambientales complejos, o cuando la restauración de un área pequeña se cree que impactará procesos ecológicos a escalas espaciales más amplias.

Junto a mis colegas y estudiantes, he buscado fomentar la restauración exitosa para la conservación de la biodiversidad mediante la realización de investigaciones sobre por qué, dónde y cómo restaurar. Con respecto al “por qué restaurar”, he estado recopilando evidencia del potencial de la restauración para generar múltiples beneficios para la biodiversidad y el bienestar humano, buscando aumentar la base de evidencia sobre cómo la restauración puede ser una solución pragmática para resolver problemas. He investigado dónde la restauración puede maximizar ciertos beneficios, mediante el desarrollo de modelos multicriterio para la priorización espacial. He desarrollado estudios a múltiples escalas, incluyendo estudios realizados en las cuencas hidrográficas de la región donde vivo, el bosque Atlántico de Brasil, la región Pantropical y todo el planeta.

Aunque importante, la definición de sitios prometedores para la restauración no implica que sus beneficios potenciales se obtengan automáticamente. Para ello, es necesario que el proceso de restauración se lleve a cabo de manera eficiente, recreando una estructura de hábitat adecuada para la recolonización de especies nativas, especialmente las más amenazadas, y la restauración de los procesos ecológicos involucrados en la contribución de la naturaleza a las personas. En este contexto, es fundamental elegir métodos de restauración adecuados al contexto biofísico y social en el que se realiza la restauración e implementar el método elegido mediante procedimientos operativos eficientes. Por esta razón, he realizado varias investigaciones sobre cómo restaurar, incluida la comparación de métodos de restauración en diferentes contextos socioecológicos (e.g., manejar la regeneración natural, plantaciones de árboles, nucleación) y explorar varias opciones para implementar y mantener áreas en restauración (e.g., uso de herbicidas, siembra directa, uso de especies arbóreas comerciales). Con frecuencia, he desarrollado innovaciones para la restauración, creando nuevos modelos para superar las diversas barreras ecológicas, sociales y culturales que restringen la restauración de ecosistemas a gran escala y amplían el menú de opciones que se ofrecerán a los tomadores de decisiones.

Finalmente, también he estado trabajando para desarrollar métodos innovadores y eficientes para el monitoreo de la restauración a gran escala, basados en el uso de las últimas innovaciones en detección remota y la integración de nuevas tecnologías en los procesos de toma de decisiones a nivel de comunidades, empresas, ONGs y gobiernos. En conclusión, he buscado desarrollar la restauración de ecosistemas como un uso de la tierra ecológicamente eficiente y económicamente viable que favorezca la inclusión social, en vista de la coexistencia equilibrada de los ecosistemas nativos con la agricultura y la ganadería en paisajes modificados. Sin duda, creo que la restauración puede ser una manera de redención de la humanidad en su relación con la naturaleza.

Referencias

  • Brancalion, P.H.S., Niamir, A., Broadbent, E., Crouzeilles, R., Barros, F.S.M., et al. 2019. Global restoration opportunities in tropical rainforest landscapes. Science Advances 5(7):eaav3223
  • Chazdon, R.L., Brancalion, P.H.S., Lamb, D., Laestadius, L., Calmon, M. et al. 2017. A policy‐driven knowledge agenda for global forest and landscape restoration. Conservation Letters 10:125-132.
  • Holl, K.D., Brancalion, P.H.D. 2020. Tree planting is not a simple solution. Science 368:580-581.

Reseña del autor

Pedro Brancalion. Agrónomo, profesor de forestería tropical en la Universidad de São Paulo, Brasil y vice-coordinador del “Pacto para la Restauración del Bosque Atlántico”. Mi investigación se centra en transformar la restauración en un uso de la tierra económicamente viable con mayor potencial para contribuir a la conservación de la biodiversidad y el bienestar humano. He participado como autor principal y editor revisor del IPBES, y soy parte del consejo científico de numerosos grupos de política ambiental en Brasil. He publicado >170 artículos revisados por pares, soy miembro de la Academia Brasileña de Ciencias, y recibí el Premio Bunge 2018 por servicios ecosistémicos en la agricultura. En 2020, fui incluido como parte de los 100.000 científicos más importantes del mundo.

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Erosión de la biodiversidad como consecuencia de la deforestación en el Bosque Atlántico de Brasil

Por: Deborah Faria, Eliana Cazetta, José Carlos Morante-Filho, Maíra Benchimol

Laboratorio de Ecología Aplicada y Conservación, Programa de Posgraduación en Ecología y Conservación de la Biodiversidad. Universidade Estadual de Santa Cruz, Ilhéus, Bahia, Brasil.

La deforestación es considerada el mayor impulsor del cambio de uso de la tierra, y conduce a la pérdida de especies y a la reestructuración de los ensambles biológicos en paisajes modificados por humanos. Esto es particularmente notable en regiones tropicales donde se concentra la mayor parte de la biodiversidad terrestre. Para comprender hasta qué punto la deforestación a escala de paisaje afecta las diferentes dimensiones de la biodiversidad (taxonómica, funcional y filogenética) en paisajes antropogénicos, nuestro equipo de investigación ha realizado estudios en fragmentos de bosque inmersos en paisajes contrastantes del bosque atlántico brasileño – uno de los “hotspots” de biodiversidad del planeta.

Figura 1. Un fragmento de bosque tropical inmerso en un paisaje deforestado en el Bosque Atlántico del Sur de Bahía, Brasil.

Nuestros estudios evalúan entre 20 y 40 fragmentos de bosque (Figura 1) inmersos en paisajes con cobertura forestal variable (5-80% de cobertura forestal). Dentro de cada fragmento hemos evaluado la estructura del bosque, y los patrones de diversidad de diferentes grupos biológicos (e.g., arbustos, árboles, escarabajos del estiércol, aves y mamíferos) y procesos ecológicos (e.g., herbivoría, dispersión de semillas, reservas de carbono, e interacciones planta-ave). Nuestros resultados indican que la deforestación a escala de paisaje promueve la reestructuración de los ensambles de especies dentro de los fragmentos de bosque remanentes, promoviendo cambios significativos en el funcionamiento del bosque (Figura 2).

Figura 2. La deforestación a escala de paisaje conduce a cambios profundos en la estructura, composición y funcionamiento de los remanentes de bosques maduros (A). Los fragmentos de bosque inmersos en paisajes con menor cobertura forestal (B), están dominados por árboles más delgados, de menor altura y menor densidad de individuos (1), y con mayor apertura en el dosel (2), lo que aumenta la cantidad de luz que entra en el fragmento y cambia el microclima del fragmento. Este cambio en las condiciones de luz influye en la supervivencia de las plantas jóvenes (3), reduciendo el reclutamiento de plántulas (4) y, por lo tanto, la diversidad (riqueza y abundancia) de especies tolerantes a la sombra, sin cambiar la diversidad de especies intolerantes a la sombra. La reducción selectiva en la diversidad de especies tolerantes a la sombra es mayor en los árboles jóvenes que en los adultos (5); cambios que explican la reducción estructural del bosque (6) y la erosión local de las reservas de carbono (7). El cambio en la composición de especies de plantas conduce a (8) una reducción de la biomasa y la calidad local de los frutos producidos en este bosque – situación que explica parcialmente la reducción de la diversidad local de aves forestales frugívoras (9), lo que lleva a una menor tasa de remoción de frutas y también el número de interacciones entre aves y plantas (10). La mayor representación local de plantas intolerantes a la sombra aumenta la abundancia de artrópodos frugívoros y, con ello, la tasa local de herbivoría.

A medida que avanza la deforestación, la estructura de la vegetación de los remanentes del bosque se reduce y se vuelve similar a los bosques secundarios, es decir, la densidad de árboles y el área basal se reducen, los árboles son más delgados y más pequeños, con una mayor concentración de vegetación en los estratos del bosque inferior mientras que la apertura del dosel aumenta (Figura 2). Tales cambios en las condiciones locales se traducen en interrupciones en el mantenimiento de la biodiversidad y los procesos ecológicos. Específicamente, la disminución de la densidad y riqueza arbórea está regida por una mayor pérdida de especies arbóreas que pueden tolerar bajos niveles de luz (i.e., especies tolerantes a la sombra) y que tienen semillas pequeñas y son dispersadas por animales. Esta descomposición en la diversidad de árboles es más pronunciada en los juveniles que en los adultos. Estos cambios promueven la modificación de la trayectoria sucesional del bosque en paisajes más deforestados. Si bien la abundancia de artrópodos herbívoros aumenta con la deforestación a escala del paisaje, los conjuntos de escarabajos peloteros divergen drásticamente en cuanto a estrategias dietéticas y tamaño corporal en comparación con los que se mantienen en paisajes muy boscosos y compuestos por baja densidad de bordes. La diversidad general de aves se mantiene en paisajes deforestados, aunque se produjeron dinámicas compensatorias, es decir, el reemplazo de especies dependientes del bosque por especies generalistas del hábitat en paisajes menos boscosos. Entre los mamíferos, la deforestación condujo a una disminución en la abundancia local de pequeños mamíferos, mientras que los conjuntos de murciélagos insectívoros aéreos mostraron más actividad en paisajes severamente deforestados.

La deforestación también cambia algunos procesos ecológicos clave. Por ejemplo, la captura de carbono dentro de los fragmentos es menor en paisajes más deforestados, y los fragmentos en estos paisajes producen menos biomasa de frutos y con menor calidad, lo que afecta a las especies frugívoras locales como las aves frugívoras. De hecho, los fragmentos en los paisajes deforestados tienen menos aves frugívoras y las redes ecológicas de plantas y aves son más simplificadas, lo que probablemente reduce la dispersión de semillas. Además, la simplificación de la estructura del bosque conduce a un aumento en el daño foliar por herbívoros en el sotobosque, y algunas familias de plantas sufren un aumento de hasta 5 veces en el daño foliar en paisajes más deforestados.

Un aspecto interesante que hemos observado en campo es que la relación entre la diversidad o el proceso ecológico y la pérdida de bosques no siempre es lineal. Con frecuencia observamos una fuerte disminución en biodiversidad en paisajes con <40% de cobertura forestal (umbral de extinción). Sin embargo, las especies más sensibles, como las aves forestales, requieren mayores porcentajes de bosque (~54%) para persistir en el paisaje.

Finalmente, nuestra investigación en el Bosque Atlántico nos ha permitido identificar algunos mecanismos importantes que operan en paisajes antrópicos. Por ejemplo, los cambios en la estructura del bosque alteran el régimen de luz, disminuyendo la idoneidad local para el establecimiento de especies tolerantes a la sombra, mientras que la diversidad de aves del bosque disminuye en paisajes deforestados como una respuesta combinada de la simplificación de la vegetación y la disponibilidad reducida de alimentos.

Por todo lo anterior, no cabe duda que la prevención de la deforestación es imperativa para salvaguardar las especies que habitan en los bosques. Si no frenamos la deforestación e incrementamos la cobertura forestal en los paisajes más deforestados, el funcionamiento y resiliencia de estos bosques tropicales se verán seriamente amenazados.

Referencias

  • Benchimol, M., Mariano-Neto, E., Faria, D., Rocha-Santos, L., Pessoa, M.S., Gomes, F. S., Talora, D. C., Cazetta, E. 2017. Translating plant community responses to habitat loss into conservation practices: Forest cover matters. Biological Conservation 209:499-507.
  • Morante-Filho, J.C., Arroyo-Rodriguez, V., Pessoa, M., Cazetta, E., Faria, D. 2018. Direct and cascading effects of landscape structure on tropical forest and non-forest frugivorous birds. Ecological Applications 28:2024-2032.
  • Rocha-Santos, L., Pessoa, M.S., Cassano, C.R., Talora, D.C., Orihuela, R.L.L., Mariano-Neto, E., Morante-Filho, J.C., Faria, D., Cazetta, E. 2016. The shrinkage of a forest: Landscape-scale deforestation leading to overall changes in local forest structure. Biological Conservation 196:1-9.

Reseña de los autores

Deborah Faria. Bióloga, con maestría y doctorado en Ecología. He realizado investigaciones sobre ecología y conservación de la biodiversidad en la Mata Atlántica del sur de Bahía, una de las regiones con mayor diversidad del planeta. A través de varios estudios colaborativos, he investigado la influencia de la pérdida de bosques en diferentes dimensiones de la biodiversidad y el papel potencial de la agrosilvicultura del cacao en la conservación de la biota en esta región. deborahuesc@gmail.com

Eliana Cazetta. Profesora  titular de la Universidad Estatal de Santa Cruz. Bióloga de campo, apasionada por las interacciones animal-planta, principalmente la dispersión de semillas. Actualmente busco comprender cómo las acciones humanas afectan las interacciones ecológicas. Madre de dos niños, que me encanta tanto como hacer ciencia. eliana.cazetta@gmail.com

José Carlos Morante Filho. Biólogo, con maestría y doctorado en Ecología y Conservación. Mi investigación busca comprender cómo los cambios en el uso de la tierra pueden afectar los patrones de diversidad de especies en paisajes antrópicos, en particular para entender los efectos directos e indirectos de la pérdida y fragmentación de los bosques sobre diferentes grupos ecológicos. jcmfilho9@hotmail.com

Maíra Benchimol. Profesora asistente de la Universidad Estatal de Santa Cruz. Bióloga con maestría y doctorado en Ecología. Apasionada por los bosques tropicales y la ecología del paisaje. Mi investigación tiene como objetivo comprender cómo la biodiversidad forestal se ve afectada a diferentes escalas por las actividades humanas, a través de estudios en la Amazonia y la Mata Atlántica. mairabs02@gmail.com

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Diseñando paisajes ideales para la biodiversidad y los humanos

Por: Víctor Arroyo-Rodríguez

Escuela Nacional de Estudios Superiores (unidad Mérida) & Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (Morelia). Universidad Nacional Autónoma de México. victorarroyo_rodriguez@hotmail.com

Actividades como la agricultura y la ganadería están promoviendo la deforestación de los bosques alrededor del mundo. Dicha pérdida de bosques amenaza la supervivencia de un número cada vez mayor de especies, incluyendo nuestra propia especie. ¿Será posible diseñar paisajes ‘ideales’, que preserven biodiversidad y al mismo tiempo promuevan el bienestar humano? Décadas de investigación en ecología del paisaje demuestran que sí es posible (Figura 1). Los pasos a seguir son relativamente simples:

Figura 1. Esquema de un “paisaje ideal”, con al menos 40% de cobertura forestal, la mayoría distribuida en una gran cantidad de fragmentos de bosque pequeños. Los fragmentos están rodeados por tierras de alta calidad para la biodiversidad, con árboles dispersos y líneas de árboles (cercos vivos) limitando los terrenos. Las áreas abiertas, como los pastizales, cultivos anuales y asentamientos humanos, deben mantener remanentes de vegetación nativa en su interior para que sean más amigables con la biodiversidad. Modificado de Arroyo-Rodríguez et al. (2020).

Paso 1: Detener la deforestación

El primer y más urgente paso es detener la deforestación. La pérdida de bosque es considerada la principal amenaza para la biodiversidad. Por tanto, mantener los bosques no sólo es crucial para la supervivencia de las especies forestales, sino para preservar los bienes y servicios que estas especies proveen.

Paso 2: Aumentar la cubierta forestal

El segundo paso urgente es restaurar el bosque perdido. El bosque remanente en muchas regiones del mundo es insuficiente para asegurar el futuro de la mayoría de las especies. Por tanto, si queremos revertir la actual crisis de biodiversidad debemos redoblar los esfuerzos en restauración para aumentar la cobertura de bosque donde más se necesita. Pero ¿cuánto bosque deberíamos conservar para asegurar la supervivencia de la mayoría de las especies? Revisiones recientes sugieren que una cifra conservadora sería lograr que los bosques ocupen al menos el 40% de la superficie del territorio.

Paso 3: Preservar una gran cantidad de fragmentos de bosque pequeños

¿Qué hay de la configuración espacial del bosque? ¿Deberían los esfuerzos de conservación (paso 1) y restauración (paso 2) enfocarse en pocas áreas grandes, o en muchas áreas pequeñas? La literatura científica sugiere que una estrategia mixta, con algunas áreas forestales grandes y muchas áreas pequeñas, puede ser más efectiva. Los fragmentos de bosque más pequeños son muy valiosos. Incrementar su número en el paisaje no sólo permite conservar muchas especies, también permite reducir la distancia entre fragmentos, lo que facilita el movimiento de las especies (conectividad) a través del paisaje, aumentando la disponibilidad de hábitat y de recursos para las especies.

Paso 4: Mejorar la calidad de las tierras antropogénicas para la biodiversidad

El último, pero no menos importante paso es lograr que las tierras que rodean los fragmentos de bosque, como los campos de cultivo o los asentamientos humanos, sean más ‘amigables’ con la biodiversidad. Para ello, hay que reducir o eliminar la extensión de tierras dañinas para la biodiversidad, como las áreas descubiertas de árboles (e.g. latifundios de monocultivos anuales). Estas tierras reducen la disponibilidad de recursos para las especies y suelen ser bañadas con multitud de agroquímicos altamente tóxicos para plantas y animales. Por otro lado, debemos estimular prácticas de producción de alimentos adaptadas a las condiciones ambientales (e.g. suelo, agua, clima) de la región, para reducir los insumos (e.g. agua) y optimizar los rendimientos. También hay que fomentar el uso de “sistemas agroforestales”, donde los cultivos y/o animales domésticos son combinados con los árboles nativos en la misma tierra. Las plantaciones sombreadas de cacao, café, plantas ornamentales, cardamomo y yerba mate son buenos ejemplos, y existe mucha evidencia de su valor para la vida silvestre. Además de mantener árboles nativos en su interior, otra práctica ‘amigable’ con la biodiversidad es limitar las tierras con cercos vivos, setos o cortavientos. Existe un sinnúmero de artículos científicos demostrando el alto valor de conservación que tienen estas líneas de árboles en el paisaje. Por ejemplo, pueden funcionar como corredores ecológicos, y ofrecer muchos recursos, como alimento, agua, sombra y áreas de anidación.

Y los humanos, ¿Qué ganamos con estos cambios en el paisaje?

Los pasos propuestos aquí no son solo beneficiosos para la vida silvestre, también pueden mejorar el bienestar humano ayudando a mantener importantes bienes y servicios para las personas. Entre otros bienes, los fragmentos de bosque y los elementos arbolados en las tierras productivas pueden proporcionar madera, leña, forraje, plantas comestibles, carne y plantas medicinales para las comunidades locales. Además, el bosque proporciona servicios importantes, como la regulación de las condiciones climáticas, el mantenimiento de la cantidad y calidad del agua, la polinización de los cultivos y el control biológico de plagas. Por todo lo anterior, no cabe duda que hoy contamos con suficiente información científica para diseñar e implementar escenarios de paisajes óptimos tanto para la vida silvestre como para los humanos. Los cuatro pasos discutidos aquí no son excluyentes, sino complementarios. Por tanto, los resultados serán más deseables si se implementan los cuatro pasos simultáneamente. Sin embargo, algunas regiones, como la Amazonía, deben enfocarse en detener la deforestación, mientras que otras regiones, como Los Tuxtlas, deben enfocarse en recuperar la cobertura arbórea perdida y mejorar la calidad de la matriz, y otras, como el bosque Atlántico de Brasil requerirá una combinación de pasos.

Referencias

  • Arroyo-Rodríguez, V., Fahrig, L., Tabarelli, M., Watling, J.I., Tischendorf, L., Benchimol, M., Cazetta, E., Faria, D., Leal, I.R., Melo, F.P.L, Morante-Filho, J.C., Santos, B.A., Arasa-Gisbert, R., Arce-Peña, N., Cervantes-López, M.J., Cudney-Valenzuela, S., Galán-Acedo, C., San-José, M., Vieira, I.C.G., Slik, J.W.F., Nowakowski, J., Tscharntke, T. 2020. Designing optimal human-modified landscapes for forest biodiversity conservation. Ecology Letters 23:1404-1420.
  • Arroyo-Rodríguez, V., Arasa-Gisbert, R., Arce-Peña, N., Cervantes-López, M.J., Cudney-Valenzuela, S.J., Galán-Acedo, C., Hernández-Ruedas, M.A., Rito, K. F., San-José, M. 2019. Determinantes de la biodiversidad en paisajes antrópicos: Una revisión teórica. En: Moreno, C. E. (Ed.) La biodiversidad en un mundo cambiante: Fundamentos teóricos y metodológicos para su estudio. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y Libermex. Ciudad de México, pp 65-112. ISBN: 978-607-98479-3-7.
  • Melo, F.P.L., Arroyo-Rodríguez, V., Fahrig, L., Martínez-Ramos, M., Tabarelli, M. 2013. On the hope for biodiversity-friendly tropical landscapes. Trends in Ecology and Evolution 28: 461-468.

Reseña del autor

Víctor Arroyo Rodríguez. Investigador Titular C de la Universidad Nacional Autónoma de México desde 2010. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel III). En 2014 recibí el premio “Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos” de la UNAM. Mi investigación se enfoca en entender los factores que determinan el mantenimiento de la biodiversidad en paisajes tropicales fragmentados, y está orientada a generar conocimiento y teoría que sirva de base para diseñar estrategias de conservación de especies en estos paisajes.

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Resiliencia animal: ¿Por qué algunas especies de vida silvestre se asomaron a la ciudad con las cuarentenas?

Por: Miguel A. Gómez Martínez, Camilo E. Sánchez Sarria, Michelle García-Arroyo, Luis-Bernardo Vázquez, Ian MacGregor Fors

En un mundo cada vez más urbano y cada vez más globalizado, patógenos como el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia producida por el COVID-19, son difíciles de controlar. Esta pandemia transformó el estilo de vida de millones de personas que se confinaron en sus hogares con la finalidad de controlar la tasa de contagio del virus. Como resultado del confinamiento de millones de urbanitas a nivel mundial, muchas ciudades se tornaron más calmas. Sorpresivamente, al inicio de las cuarentenas en Europa y Asia, avistamientos atípicos de vida silvestre en algunas ciudades del mundo comenzaron a ser más y más populares en redes sociales y noticieros. De la mano con la dispersión del virus hacia América, llegaron los reportes completamente inesperados de la presencia de especies en ciudades. Algunos de casos llamativos fueron: un puma (Puma concolor) observado apenas tres días después del cierre de actividades en el jardín de un hogar en Los Ángeles (California, EEUU), ciervos sika (Cervus nippon) corriendo por las calles de Nara (Japón), un individuo juvenil de jaguar (Panthera onca) fotografiado “paseando” frente a las instalaciones de un hotel en la Riviera Maya, así como macacos cangrejeros (Macaca fascicularis) en Lopburi (Tailandia) quienes buscaban alimento en la ciudad a causa de falta del alimento que les proveen regularmente los turistas en los templos cercanos a la ciudad.

            Si bien la lista de registros atípicos y, en algunos casos, sorpresivos, de especies en algunas de las “ciudades calmas”, el factor común de la mayoría fue el cambio abrupto en las actividades  humanas, sobretodo en centros urbanos y turísticos. Sin duda, el cambio en nuestra actividad urbana fue inesperado en un principio, reduciendo tráfico, ruido y demás características típicas de nuestras ciudades en condiciones normales. Evidentemente, muchas de las especies que fueron observadas en ciudades tienen poblaciones cercanas a las ciudades y debido a la repentina y masiva disminución de nuestras actividades, entraron a las urbes en busca de comida, o simplemente como parte de sus actividades de desplazamiento, hasta cierto punto anulando la barrera ecológica que implica la urbanización a la vida silvestre. A corto plazo, los animales podrían comenzar a hacer ajustes en sus conductas ante ciudades menos activas y ruidosas, desde la relajación de sus sistemas de alarma, alteraciones en su comportamiento hacia los seres humanos, hasta cambios demográficos. Imaginemos un escenario en el que individuos de alguna especie que habita en una ciudad (o algún área verde urbana) que nacieron durante el periodo más alto de confinamiento en esas ciudad, podrían cambiar su percepción sobre la amenaza (o ausencia de la misma) que representan los humanos, lo cual podría modificar su salud y comportamiento.

Si bien algunos estudios comienzan a analizar los efectos del cambio de nuestras actividades durante los periodos de cuarentena sobre la vida silvestre, la verdad es que no sabemos cuáles serán sus respuestas a largo plazo, o si el periodo no fue lo suficientemente prolongado como para provocar un cambio cuantificable. Pero además de las terribles pérdidas y ajustes que ha traído esta pandemia, quizá valga la pena rescatar la enseñanza que nos dejaron aquellos individuos de especies que entraron a nuestras ciudades cuando no estábamos en el frenesí de la vida moderna. La era post-COVID-19, junto con el aumento de la expansión urbana, el cambio climático y demás elementos del cambio global, podrían convertirse en un punto de inflexión en la historia de la urbanización, cuando el ser humano podría decidir modificar su forma de “convivir” estratégicamente con la vida silvestre en una tierra compartida.

Referencias

Reseña de los autores

Miguel Á. Gómez Martínez es estudiante de doctorado en el Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada de la Universidad Veracruzana. Sus intereses de investigación incluyen ecología y conservación de las aves. Se interesa particularmente en diversos aspectos relacionados con la ecología urbana como los distintos riesgos asociados con las ciudades a los que se enfrentan las aves.

Camilo E. Sánchez Sarria es estudiante de maestría en el Instituto de Ecología, A.C. (INECOL, Xalapa). Sus intereses de investigación se centran en el estudio de las aves de Colombia. Recientemente comenzó a incursionar en temáticas de ecología urbana, con especial énfasis en la relación que existe entre los confinamientos por la pandemia derivada del COVID-19 y variaciones en la diversidad funcional de las comunidades de aves urbanas.

Michelle García Arroyo es estudiante de doctorado en la Universidad de Helsinki. Su trabajo se enfoca en la evaluación de comunidades de aves en las áreas urbanas del sur de Finlandia y como la diversidad de aves y su comportamiento se asocia con distintos elementos de la urbanización en un esquema de evaluación a nivel de ciudad.

Luis Bernardo Vázquez es investigador titular en El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR, San Cristóbal de las Casas). Su línea de investigación principal busca entender las relaciones entre el ser humano y la naturaleza en el contexto de los ecosistemas urbanos, así como la forma en la que los humanos han afectado el mundo natural que los rodea y cómo algunos de estos efectos pueden revertirse.

Ian MacGregor Fors fue recientemente nombrado Profesor de Biodiversidad y Ecosistemas Urbanos en la Universidad de Helsinki. Sus principales líneas de investigación incluyen la evaluación de patrones ecológicos de distintos grupos taxonómicos en sistemas antropogénicos, principalmente urbanos, las invasiones biológicas, el ornitología básica y el desarrollo de procedimientos y metodologías estandarizadas.

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