Seguridad alimentaria en Yucatán y los ecosistemas que la sostienen

Por: Casandra Reyes García1 y Alejandra García Quintanilla2

1Centro de Investigación Científica de Yucatán, 2Colectivo Popol Vuh

La península de Yucatán presenta grandes retos para el cultivo de alimentos ya que en algunas zonas carece completamente de suelo o presenta suelos de escasos milímetros de profundidad y pobre en nutrientes. Las lluvias son estacionales, con una sequía prolongada. Sin embargo, la península cuenta con los saberes de la cultura maya, una cultura milenaria que ha adaptado sus prácticas productivas a un sistema tan estresante como este.

Para sobrevivir en este sitio, los mayas aprendieron a manejar la biodiversidad. A falta de suelo, la poda del bosque y su quema incorporan los nutrientes de éstos al sistema. Además de la milpa, las unidades familiares cuentan con un solar o traspatio donde cultivan plantas para alimentación, medicina y otros usos. También practican la cacería y recolección, incitando la presencia de los animales con alimentos cultivados en las milpas. Y por último, cuentan con apiarios para la producción de miel, en los que hoy en día han incluido a apis mellifera, además de las tradicionales abejas meliponas, nativas de la Península. De esta manera, su sistema productivo es diversificado, pero también diverso, la milpa cuenta con una gran diversidad de plantas con diferentes requerimientos y ciclos de vida que garantiza alimentos en años húmedos o secos. Así, pueden usarse hasta 67 especies de fauna y 407 variedades de plantas en una sola localidad.

En la actualidad dicho sistema está amenazado por el cambio climático, que significa un incremento en la variabilidad de las lluvias (confundiendo los mejores períodos para la quema o la siembra) y un aumento en las temperaturas (afectando la salud de abejas, animales y plantas). Otro gran problema es la destrucción de las selvas en las que está inmerso este sistema productivo.

Gran parte del éxito de este sistema productivo es la selva que lo sostiene. La selva provee los nutrientes para la siembra; un hogar a las plantas comestibles, medicinales, de combustible, de construcción, etc.; y un hogar para los animales de caza, polinizadores, dispersores o que controlan las plagas. La selva es también un regulador de temperatura, habiendo en las horas más calientes del día hasta 10°C menos en zonas arboladas en comparación con zonas aledañas sin árboles. Durante la noche, zonas de roca expuesta o con construcciones también mantienen el calor, siendo las zonas arboladas más frescas. Las selvas juegan un papel fundamental en aumentar la cantidad de lluvia, ya que sus árboles transpiran agua que contribuye a la formación local de nubes. Las zonas deforestadas pueden entonces sufrir una disminución en la lluvia. El intercambio de gases en las hojas de los árboles permite que el CO2 (principal gas de efecto invernadero) se convierta en azucares, mientras libera el oxígeno, vital para la respiración.

Las grandes extensiones de tierra comunitaria, que posteriormente se organizaron en ejidos, permitían la rotación de las milpas dentro de una masa forestal abundante. Sin embargo, en las últimas décadas se ha incrementado la privatización y la deforestación para dar lugar a grandes extensiones de monocultivos, ganadería, y asentamientos urbanos (Fig. 1).  Nuestros estudios en selvas remanentes, fragmentadas, ya encuentran afectaciones en algunas especies clave para la diversidad. La deforestación ya repercute sobre los sistemas productivos. Se ha reportado alta mortalidad de colmenas debido a agroquímicos rociados en campos cercanos, al aumento en la temperatura, a la falta de alimento y por enfermedades. Los sistemas productivos mayas aportan seguridad alimentaria y mantienen las materias primas para el estilo de vida y cultura de las familias. Pero al ser un sistema de baja monetización por su baja producción para la venta exterior, tiende a ser desvalorado desde la perspectiva gubernamental, donde se privilegian prácticas de privatización que ponen en riesgo la subsistencia de estos sistemas de gran biodiversidad. En un momento donde el foco internacional se fija en el dilema entre conservar la biodiversidad y usar los terrenos para la producción de alimentos, el modelo maya merece ser revalorado y visibilizado.

Figura 1. Propiedad social y delimitación de áreas naturales protegidas (ANP) en la Península de Yucatán. Se muestra la tierra de uso común o comunales, las tierras parceladas que son aquellas que han pasado a la propiedad privada para su aprovechamiento en diversos rubros (urbano, agrícola comercial, ganadería) y los polígonos de las ANP´s protegidas federales y estatales. La imagen fue elaborada por Casandra Reyes García usando la plataforma de Geocomunes (https://geocomunes.org/Visualizadores/PeninsulaYucatan/), quienes a su vez reportan datos de 2019 del Registro Agrario nacional (para los datos de propiedad), y de la Comisión de Áreas Naturales Protegidas para las ANPs.

Referencias

  • Orellana, R., C. Espadas, C. Conde y C. Gay (2009). Atlas Escenarios de cambio climático en la Península de Yucatán. Centro de Investigación Científica de Yucatán A.C. Mérida, Yucatán, México. pp. 111.
  • Reyes García, C. y Espadas Manrique, C. (2016). Oleadas de calor y el efecto de la vegetación en Yucatán. Desde el Herbario CICY8, 97-101.
  • Terán-Contreras S. (2010). Milpa, biodiversidad y diversidad cultural. En: Biodiversidad y Desarrollo Humano en Yucatán. Durán R. y M. Méndez (eds). CICY, PPD-FMAM, CONABIO, SEDUMA. 496 pp

Reseña de las autoras

Casandra Reyes García es bióloga egresada de la UNAM, cuenta con un doctorado en University of Cambridge, en Reino Unido y labora en el Centro de Investigación Científica de Yucatán desde 2007. Se especializa en la ecofisiología de plantas vasculares tropicales, con énfasis en indicadores del efecto del cambio climático. Es miembro del Sistema Nacional de  Investigadores, nivel II. Ha tenido una serie de proyectos que le han permitido mantener durante una década el monitoreo de cuadrantes permanentes en diversos ambientes de la Península de Yucatán, donde ha usado indicadores biológicos para evaluar cambios en los ecosistemas. Su interés abarca también los servicios ambientales de la naturaleza y la relación con las poblaciones humanas.

Alejandra García Quintanilla es doctora en historia por la University of North Carolina at Chapel Hill. Su línea de investigación es la historia del pensamiento maya en relación a la naturaleza, aspectos epistémicos, filosóficos, éticos y estéticos.  Es miembro del colectivo Popol Vuh, investigadora jubilada de la Universidad Autónoma de Yucatán. Fue fundadora desde 1999 del curso de alta cultura maya que se imparte en las comunidades a jóvenes mayas. Conductora del programa de radio Los Mayas de Ayer y Hoy del Instituto Mexicano de la Radio (2008-2016). Colabora con diversos grupos en el análisis de los megaproyectos que se propone implantar en Yucatán.

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