Saberes ambientales locales y sustentabilidad

Por: Andrés Camou Guerrero

Andres.camou@enesmorelia.unam.mx. Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia. Universidad Nacional Autónoma de México.

Hoy en día se reconoce ampliamente la estrecha relación que han tenido los diversos grupos humanos con los ecosistemas, la cual se traduce en múltiples interacciones desde las cuales se plantean las agendas de investigación en diversos campos de las ciencias ambientales. Uno de los motores que actualmente impulsa dichas agendas son los procesos de deterioro ambiental cada vez más y mejor documentados (Barnosky et al. 2014). Es en este sentido que existe una larga trayectoria de investigaciones en las cuales se re-valoran y re-significan experiencias particulares de sociedades humanas en interacción con sus ecosistemas circundantes, y desde donde se considera viable crear alternativas de solución al deterioro ambiental.

Un referente clave que actualmente impulsa la búsqueda de modelos sustentables de vida es el de la diversidad biocultural y el cual explica las complejas expresiones de la diversidad cultural y biológica como “mutuamente dependientes y geográficamente coexistentes” y este axioma biocultural como lo define Nietschmann (1992), nos permite establecer un postulado central de partida: “reconociendo la amplia gama de interacciones entre las comunidades rurales y los ecosistemas, la conservación de la biodiversidad en países como México no puede estar separada de su aprovechamiento”, y por ello los saberes ambientales locales pueden ser la base para la sustentabilidad socio-ecológica. Desarrollar investigaciones sobre la diversidad biocultural en el caso de México resulta trascendental hoy en día, no solo porque se ubica como el segundo país a nivel mundial de mayor riqueza biocultural, sino también por el valor intrínseco universal que esto representa y el potencial que tiene en la búsqueda de estrategias de adaptación y modelos de desarrollo.

A partir de la década de 1960 se ha observado un creciente interés a nivel mundial por entender las múltiples formas mediante las cuales las comunidades interactúan con los ambientes donde se desarrollan. En este sentido, se reconoce que en la mayor parte del mundo existen de manera paralela, diversas modalidades de relación con la naturaleza embebidas en los contextos culturales de los pueblos indígenas y campesinos. En dichos contextos se han logrado mantener y adaptar un cúmulo de saberes generados a partir de la relación directa con la naturaleza, mismos que están profundamente arraigados a referentes simbólicos y cognitivos particulares. Al respecto es necesario hacer notar que hay diversas formas mediante las cuales se les ha denominado a estos “otros saberes o sistemas de conocimiento” y que aquí son referidos como saberes ambientales locales (SAL). La connotación de “saber” se ajusta a la planteada por Berkes (2012) en el sentido de que se les reconoce “como un cuerpo acumulativo de conocimientos, prácticas y creencias que evolucionan mediante procesos adaptativos a través de las generaciones mediante transmisión cultural”; por otro lado se integra la noción de “ambiente” en la perspectiva de denotar un saber que integra tanto la dimensión socio-cultural como la biofísica y lo “local” remarca la condición de que cualquier forma de conocimiento es el resultado de una construcción social particular, históricamente contextualizada.

La relevancia de los SAL ha motivado numerosos estudios que documentan los patrones de aprovechamiento de los recursos naturales en comunidades indígenas y campesinas los cuales reconocen que estos saberes son fundamentales para lograr los objetivos de sustentabilidad bajo el supuesto de que dichas comunidades conforman sistemas socio-ecológicos de alta resiliencia. En estos sistemas, las estructuras sociales, de conocimiento y las prácticas tecnológicas convergen en un modelo de manejo integral de los ecosistemas que se ajusta continuamente a las condiciones cambiantes de la cultura y las condiciones biofísicas, que corresponde a lo que ha sido denominado manejo adaptativo. A partir de lo anterior se ha puesto de manifiesto que el saber-hacer indígena y campesino sobre la naturaleza desarrollado en un proceso histórico de larga duración, constituye un legado de enorme valor y un referente clave en el diseño de modelos alternativos de desarrollo, así como un elemento insustituible del Patrimonio Biocultural.

Referencias

  • Barnosky, A. D., Brown, J. H., Daily, G. C., Dirzo, R., Ehrlich, A. H., Ehrlich, P. R., … & Wake, M. H. (2014). Introducing the scientific consensus on maintaining humanity’s life support systems in the 21st century: Information for policy makers. The Anthropocene Review, 1:78-109.
  • Nietschmann, B. 1992. The interdependence of biological and cultural diversity. Occassional Paper No. 21.
  • Berkes, F. 2012. Sacred ecology. Tercera Edición. Nueva York. Routledge.

Reseña del autor

Dr. Andrés Camou-Guerrero es profesor Asociado C de Tiempo Completo Definitivo en la ENES Unidad Morelia; Doctor en Ciencias por el IIES de la UNAM. Tiene una experiencia de 11 años impartiendo cursos de licenciatura y posgrado y ha dirigido 14 tesis de licenciatura y 3 de maestría. Además, actualmente dirige 6 tesis de licenciatura, 2 de maestría y 4 de doctorado. Es miembro fundador e investigador de la Red de Patrimonio Biocultural del CONACYT y presidente de la Asociación Etnobiológica Mexicana. Es tutor del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, Ciencias Biológicas y Geografía Ambiental de la UNAM. Actualmente es el responsable de la línea de investigación de Procesos Bioculturales en el Territorio del Laboratorio de Estudios Transdisciplinarios sobre el Ambiente de la ENES Unidad Morelia. Tiene experiencia de trabajo con organizaciones civiles y comunidades indígenas y campesinas del norte y centro occidente de México.

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La conservación de los bosques se logrará con la silvicultura comunitaria: Caso Ejido Caborachi, Chihuahua, México

Por: Martín Martínez Salvador

Profesor de la Facultad de Zootecnia y Ecología. Universidad Autónoma de Chihuahua. msalvador@uach.mx

Poco más de una tercera parte de la población mundial habita en ecosistemas de bosques y selvas, mientras que el 100% de la población gozamos de manera directa o indirecta de los productos y servicios que producen estos ecosistemas (Figura 1), por lo que la conservación de los bosques es un asunto de interés global (Martínez-Salvador et al., 2019). En los últimos 30 años México han establecido compromisos internacionales encaminados a lograr el desarrollo sustentable (Pinedo-Álvarez et al., 2017). Entre los principales compromisos para la conservación de los bosques están el Proceso de Montreal, el Protocolo de Kyoto y la operación de los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible. En las líneas de acción de estos procesos se destaca el respeto por las costumbres y culturas, la erradicación de la pobreza, el respeto a los derechos humanos y la conservación de la naturaleza. Estos preceptos de política internacional solo podrán ser cumplidos si las estrategias de convivencia hombre-naturaleza funcionan a nivel local.

Figura 1. Panorámica del Bosque y comunidad en la sierra Tarahumara (Autor. Edgar Chaparro)
Figura 2. Imágenes de los bosques y tradición tarahumara (Autor. Martín Martínez Salvador y Edgar Chaparro)

Entre los años 1950 y 1990 la política nacional de manejo forestal estuvo controlada por las decisiones del estado y la federación (Martínez et al., 2019). Posteriormente de 1990 al 2000, en la Sierra de Chihuahua, el aprovechamiento forestal fue controlado por los industriales y comercializadores de maderas. En los últimos 20 años se ha iniciado un proceso de reconversión de la actividad silvícola que intenta ser aplicada con base en las decisiones e involucramiento de los dueños de los bosques. Esta nueva silvicultura es la llamada “Silvicultura Comunitaria”, la cual se ha fortalecido, además, por los procesos políticos de organización social vinculadas con los principios de gobernanza ambiental.

El ejido Caborachi está localizado a 23 kilómetros de la ciudad de Guachochi, Chihuahua, sobre la carretera federal a Parral en la parte alta de la Sierra Tarahumara. En 1954, la comunidad fue dotada de una superficie de 27, 997 ha de bosques templados. El ejido está integrado por 421 ejidatarios, 387 hombres y 34 mujeres. Esta comunidad está conformada mayoritariamente por población indígena de la etnia Tarahumara, también llamada Rarámuri (Rara “Pie”, Muri “Corredor) (Figura 2). Esta nota es un reconocimiento al esfuerzo que los habitantes de esta comunidad indígena han realizado para retomar el control y conservación de sus recursos con base en su cosmovisión, la cual eleva por sobre todas las decisiones el respeto a la naturaleza y por convertirse un ejemplo exitoso de silvicultura comunitaria.

Figura 3. Patio del Aserradero del ejido Caborachi con representantes de la Comunidad (Autor. Martín Martínez Salvador).

Los usos y costumbres de la comunidad indígena Tarahumara están íntimamente relacionados con la protección y conservación de los recursos naturales (Agua-Suelo-Plantas-Animales), con respeto a lo que la Madre Tierra y el Padre Dios proveen (Guerrero et al., 2000). El sistema de aprovechamiento del bosque de acuerdo con la visión de la comunidad indígena se basa en un tema de saneamiento y protección del ecosistema procurando conservar la complejidad del paisaje. Esta visión no contraviene las propuestas de desarrollo sustentable; sin embargo, la globalización de los mercados, las formas de comercialización y la propia legislación, constantemente están en contra de los intereses de los dueños de los bosques. Ante esto, la comunidad y ejido Caborachi han desarrollado un sistema de organización que involucra la participación de todos sus miembros a través de un sistema de gobierno llamado “Consejo Consultivo”, el cual fue creado en el año 2013 y está formado por un presidente, un secretario, un tesorero, un promotor forestal comunitario que vincula a la comunidad con las dependencias del estado y la federación, un técnico forestal que elabora el programa de manejo con base en la regulación actual y la teoría silvícola, el comisariado ejidal, los gobernadores indígenas y una persona representante de cada localidad que se encuentra dentro del territorio de los bosques de Caborachi. Este consejo plural opera bajo un reglamento específico que garantiza la voz y voto de todos sus participantes. De esta manera han encontrado un camino armónico para el manejo de sus recursos naturales, el respeto de los usos y costumbres, la promoción de sus tradiciones y el acompañamiento para el logro de las aspiraciones de sus habitantes (Figura 3).

Actualmente el Ejido Caborachi cuenta con certificaciones internacionales de buen manejo de sus bosques y de cadena de custodia por parte de Forest Stewardship Council. El objetivo principal de la silvicultura comunitaria se refiere al acceso de los dueños de los recursos al uso y manejo de sus bienes, así como a la toma de decisiones. Este objetivo no está desvinculado de las aspiraciones de los tratados nacionales e internacionales para la protección del ambiente. El ejemplo del ejido Caborachi muestra que la organización incluyente para la producción forestal es una alternativa viable para caminar hacia el uso y manejo pacífico y equitativo de los ecosistemas forestales. 

Referencias

  • Martínez Salvador, M., Sosa Pérez, G., Chacón Sotelo, J. M., Pinedo Álvarez, A., Villarreal Guerrero, F. and Prieto Amparan, J. A. (2019). El monitoreo forestal por medio de Sitios Permanentes de Investigación Silvícola en Chihuahua, México. Revista mexicana de ciencias forestales10(55), 56-78.
  • Pinedo-Álvarez, C., Chacón-Chumacero, K. O., Pinedo-Álvarez, A., Martínez-Salvador, M., Rentería-Villalobos, M., Santellano-Estrada, E., and Rodríguez-Piñeros, S. (2017). Using Social, Economic and Land-Use Indices to Build a Local Sustainability Index in a Mining Region of the Sierra Tarahumara, Mexico. Resources6(3), 42.
  • Guerrero, M. T., Reed, C., y Vegter, B. (2000). La industria forestal y los recursos naturales en la Sierra Madre de Chihuahua: impactos sociales, económicos y ecológicos. México: Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, AC & Texas Center for Policy Studies.

Reseña del autor

El Dr. Martín Martínez Salvador es ingeniero en zonas áridas y maestro en ciencias forestales por la Universidad Autónoma Chapingo, doctorado en Uso, manejo y preservación de los recursos naturales por el CIBNOR y posdoctorado en ecología por Oregon State University. Ha publicado más de 60 artículos científicos y 4 libros técnicos, ha participado en diversos comités técnicos y de investigación nacionales e internacionales en temas de manejo de ecosistemas forestales, ha sido galardonado con los premios de ciencia y tecnología en Durango en 2008 y Chihuahua en el año 2012. Fungió como líder del Programa Nacional de Investigación en Manejo Forestal Sustentable y Servicios Ambientales del INIFAP, es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor de tiempo completo en la Facultad de Zootecnia y Ecología de la universidad Autónoma de Chihuahua.

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¡Sin maguey no hay mezcal, pero sin territorio no hay identidad!

Por: Ignacio Torres-García

Licenciatura en Ciencias Agroforestales, Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. itorresg@enesmorelia.unam.mx

La crisis sanitaria mundial por la que atravesamos actualmente ha sido relacionada directamente con los daños ambientales que los patrones de intensificación de los modelos productivos imperantes han provocado. La transformación y pérdida de grandes áreas silvestres como reservorios de biodiversidad y múltiples beneficios ecosistémicos, la gran contaminación de suelos, agua y aire, así como la extracción desmedida y comercialización de vida silvestre, las podemos ver reflejados en un desbalance climático y ambiental generalizado. Estos fenómenos ponen en riesgo, no solo a todas las formas de vida en el planeta, sino que también a nuestra propia existencia como especie. Lamentablemente, en Latinoamérica incluido México, los patrones de intensificación en lugar de estar disminuyendo o tratándose de aminorar sus efectos, se agudizan día a día, incluso pareciera que el confinamiento actual ha sido una ventana de oportunidad para ampliar la frontera de esta intensificación, a pesar de las advertencias señaladas por la comunidad científica, la realidad sanitaria que estamos experimentando y el sentido ético común. La expansión de las franjas aguacateras, los túneles de berries y los monocultivos de agave son parte de un patrón de agro-extractivismo que tiene solamente un objetivo, el económico, sin preocuparse en las consecuencias ambientales o socioculturales (y mucho menos de remediarlas), ocasionadas en los territorios donde son implementados estos modelos agroindustriales (Tetreault et al. 2021).

La primer Denominación de Origen (DO) en México fue la de un destilado, el tequila. Su desarrollo marcó la transformación masiva de miles de hectáreas de bosques secos, determinando la pérdida de toda su biodiversidad, en “desiertos azules”, es decir monocultivos sin diversidad genética que son dependientes de agrotóxicos. Determinando también la perdida de intrincadas relaciones de las sociedades que ocupaban y cultivaban de manera tradicional esos territorios y los múltiples recursos. La especialización del territorio marca una tendencia que invisibiliza y diluye el conocimiento tradicional, las diversas oportunidades que representa el territorio y sus especies e inclusive los múltiples usos que tienen los agaves (Torres-García et al. 2019). Esta tendencia sigue agudizándose con la expansión de la DO mezcal (la DO más grande del mundo) y la replicación de esta, con la cuestionable creación de la DO raicilla. Si revisamos los informes anuales de los distintos consejos reguladores de estas agroindustrias, su mayor indicador de éxito es la cantidad de litros exportados, cantidad que ha crecido exponencialmente en los últimos 10 años. Una evidencia reciente de la gravedad en estos patrones de intensificación ocurrió en este 2020, en medio de la pandemia deforestaron cerca de 50 hectáreas de izotales conservados, para establecer monocultivos de agave, en las inmediaciones y dentro de la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán, en la porción poblana, en un proyecto relacionado con una empresa cuyo objetivo es la exportación y utilizando estrategias ventajosas de renta de tierras (Figura 1).

Figura 1. Deforestación de vegetación conservada en la Reserva de la Biosfera de Tehuacán-Cuicatlán para establecer monocultivos de Agave. El área semi-árida más biodiversa de México. Julio 2020. Créditos: CONANP.

A pesar de este desolador panorama existen en la actualidad diversas experiencias de manejo ejemplar y amigable con la biodiversidad que han sido identificadas gracias a un proyecto colectivo llamado la Red Nacional de Manejadores de Maguey Forestal, representado por MILPA A.C. (Manejo Integral y Local de Productos Agroforestales). Algunos ejemplos de estas experiencias son: el manejo forestal comunitario practicado en Guerrero (Illsley et al. 2018), diversos sistemas de manejo agroforestal en Oaxaca, Michoacán, Jalisco (Figura 2). Estos sistemas de manejo tienen un valor inmenso, ya que se conservan cuatro aspectos fundamentales que se han perdido en otros esquemas donde se han adoptado manejos intensivos: 1) la diversidad genética de la especie y su conservación como planta silvestre y recurso natural, 2) el ecosistema y un alto porcentaje de las especies animales, vegetales, microorganismos, etc., 3) beneficios ambientales y 4) el tejido social y las formas de gobernanza local. La diversidad de recursos presentes en estos agroecosistemas le da vida y sustentan a las sociedades y culturas locales que las manejan. Desde la Red de Manejadores de Maguey Forestal hemos desarrollado cuatro reuniones nacionales para propiciar el intercambio de conocimiento de campesino a campesino, propiciar el diálogo de saberes, reforzar las capacidades locales, acercando a las experiencias y difundiendo el valor de una visión integral del territorio agavero y la inclusión del conocimiento tradicional.

Valdría la pena preguntarnos de dónde viene el destilado que tomamos y cómo podríamos apoyar a estas valiosas experiencias que representan un esfuerzo por tratar de conservar el equilibrio entre una actividad económica, la conservación del ambiente y la identidad sociocultural.

Figura 2. Manejo agroforestal de Agave cupreata en las inmediaciones sureñas del Municipio de Morelia y Tzitzio. En este sistema se conservan diversas especies arbóreas, así como beneficios ecosistémicos y muchos otros recursos forestales no maderables. Diciembre 2020 (autor: Ignacio Torres-García).

Referencias

  • Illsley, C., Torres-García, I., Hernández-López, J. J., Morales-Moreno, P., Varela-Álvarez, R., Ibañez-Couch, I., & Nava-Xinol, H. 2018. Manual de manejo campesino de magueyes mezcaleros forestales. México: Grupo de Estudios Ambientales AC. ISBN: 978-607-95925-1-6
  • Tetreault, D., McCulligh, C., & Lucio, C. 2021. Distilling agro‐extractivism: Agave and tequila production in Mexico. Journal of Agrarian Change 1-23. DOI: 10.1111/joac.12402
  • Torres-García, I., Rendón-Sandoval, F. J., Blancas, J., & Moreno-Calles, A. I. 2019. The genus Agave in agroforestry systems of Mexico. Botanical Sciences97(3), 263-290. DOI: 10.17129/botsci.2202

Reseña del autor

Ignacio Torres-García estudió biología en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y su maestría y doctorado en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad dentro del Posgrado de Ciencias Biológicas de la UNAM. Ha colaborado con ONG´s y asociaciones campesinas mezcaleras en el Proyecto de la Red Nacional de Manejadores de Maguey Forestal, proyecto que involucra el intercambio de saberes campesinos y la difusión de técnicas de manejo in situ de especies de agave mezcaleras utilizando técnicas participativas. Es profesor investigador de la Licenciatura en Ciencias Agroforestales de la ENES UNAM Campus Morelia, asociado al Laboratorio de Estudios Transdisciplinarios Ambientales y pertenece a la Red Temática de Sistemas Agroforestales de México. Es parte del Consejo Técnico Académico de la Red Temática de Productos Forestales No Maderables de CONACyT y del consejo del proyecto Batfriendly. Además, forma parte de la asociación civil Manejo Integral y Local de Productos Agroforestales (MILPA A.C.)

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Conocimiento y manejo tradicional de ecosistemas en el Valle de Tehuacán

Por: Mariana Vallejo Ramos.

Jardín Botánico-Instituto de Biología, UNAM. mariana.vallejo@ib.unam.mx

La manera más básica en que el humano se ha relacionado con los ecosistemas es mediante el aprovechamiento. La recolección de frutos, la cacería, la pesca, la obtención de maderas de los bosques, la agricultura y la ganadería, son diversas formas en las que aprovechamos la biodiversidad. Los seres humanos hemos aprendido a lo largo de su historia cómo aprovechar esos recursos de la mejor manera, buscando la forma en que los elementos que están en la naturaleza no se agoten y estableciendo una serie de estrategias que permitan seguir aprovechándolos de manera sustentable; proceso que se ha visto alterado en distintos momentos, sobrepasando a la naturaleza y resultando en consecuencias catastróficas. Así, a lo largo de miles de años, se han generado experiencias y conocimientos que han permitido inventar una diversidad de formas de aprovechamiento y al mismo tiempo, han cambiado el paisaje y a los seres vivos. Esta interacción entre el humano y la biodiversidad ha creado cientos de nuevas especies domesticadas y miles de variedades tanto de plantas como animales.

Actualmente permanecen dentro de las comunidades tradicionales un cúmulo de conocimientos, prácticas, habilidades, técnicas y saberes. Con base en ese conocimiento adquirido y pasado de generación en generación toman decisiones sobre el uso que se le da a los ecosistemas, llevando a cabo un proceso de selección y de acciones sobre los recursos naturales.

Un ejemplo de una región que alberga comunidades tradicionales que han interactuado con sus ecosistemas por miles de años, conservando aún una enorme riqueza biológica, es el Valle de Tehuacán-Cuicatlán, el cual se localiza entre los estados de Puebla y Oaxaca. En esa zona se han registrado más de 3,000 especies de plantas de las cuales 365 son endémicas a la región. Además, cuenta con la presencia de ocho grupos étnicos indígenas, constituyendo así una región biocultural de riqueza excepcional (Dávila et al. 2002).

El conocimiento y prácticas tradicionales dentro de las comunidades presentes en la zona, se expresa en distintos aspectos, se tienen registro de casi 2000 especies de plantas que se utilizan con diversos propósitos (medicinales, comestibles, ornamentales, forrajeras, etc) y 1600 especies vegetales manejadas directamente en los sistemas agrícolas. Los pobladores identifican los beneficios de las plantas, pero también los detalles sobre su distribución, abundancia, interacciones con otras plantas y animales; de la misma manera, conocen sobre germinación, crecimiento y fenología. Todos esto influye significativamente en sus decisiones sobre qué y cómo manejar sus recursos (Casa et al. 2014).

Es importante señalar que el conocimiento tradicional, en la región, no es un proceso terminado, se encuentra en constante construcción, lo que permite desarrollar prácticas de manejo que se adaptan ante los cambios ambientales y culturales; incorpora nuevas técnicas, herramientas y prácticas productivas, sin que esto signifique necesariamente la depredación de sus ecosistemas. Por ejemplo, la agricultura presenta un gradiente, desde prácticas milenarias con una antigüedad aproximada de 10 000 años, hasta la incorporación de maquinaria y agroquímicos de manera intensiva. Sin embargo, subsiste una visión integral de aprovechamiento múltiple de los recursos. El manejo campesino incluye a la vegetación silvestre, conservando especies nativas. Mediante el manejo constante de los sistemas agrícolas se han creado en la región muchas especies, variedades, sistemas y paisajes. Los cuales son mantenidos y utilizados por grupos culturales, comunidades, familias e individuos; mediados por las creencias, rituales, tradiciones, reglas de uso, conocimientos y las innovaciones desarrolladas en el tiempo (Vallejo et al. 2016).

Resultado de la larga historia de uso, el paisaje del Valle de Tehuacán-Cuicatlán es un mosaico de comunidades rurales indígenas y mestizas, con áreas agrícolas y ganaderas, asentamientos humanos y huertos familiares. Dicho mosaico está inmerso en grandes extensiones de bosques naturales que han sido manejados durante miles de años y que albergan altos niveles de biodiversidad. Todas estas áreas productivas, forestales y ocupadas por humanos son reservorios de una alta biodiversidad y del patrimonio biocultural de México.

Figura 1. Paisaje en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán. Autor Tania Paola Vázquez Delfín
Figura 2. Bosque de Echinocactus platyacanthus. Autor Tania Paola Vázquez Delfín

Referencias

  • Casas, A., Camou, A., Otero-Arnaiz, A., Rangel-Landa, S., Cruse-Sanders, J., et al. 2015. Manejo tradicional de biodiversidad y ecosistemas en Mesoamérica: el Valle de Tehuacán. Investigación ambiental Ciencia y política pública, 6(2).
  • Dávila, P., Arizmendi, M. D. C., Valiente-Banuet, A., Villaseñor, J. L., Casas, A., Lira, R. 2002. Biological diversity in the Tehuacán-Cuicatlán valley, Mexico. Biodiversity & conservation, 11(3):421-442.
  • Vallejo, M., Moreno-Calles, A. I., Casas, A. 2016. TEK and biodiversity management in agroforestry systems of different socio-ecological contexts of the Tehuacan Valley. Journal of ethnobiology and ethnomedicine, 12(1):1-15.

Reseña de la autora

Mariana Vallejo Ramos bióloga por la Facultad de Ciencias de la UNAM, Maestría y Doctorado en el Posgrado en Ciencias Biológicas, UNAM. Actualmente es investigadora en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, a cargo del laboratorio de “Conservación y manejo de comunidades vegetales”. Ha sido docente en la carrera de Ciencias Ambientales en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM y en Biología de la Facultad de Ciencias. Parte de sus investigaciones son sobre el manejo de socio-ecosistemas y cómo estos espacios de interacción hombre-naturaleza pueden conservar altos niveles biodiversidad. Ha estudiado los agroecosistemas, en particular los sistemas agroforestales tratando de entender qué son, quiénes los manejan, cómo se manejan, los motivos de generarlos y mantenerlos, cómo es que están representados en el territorio, qué elementos del paisaje influyen en el establecimiento de ellos, haciendo énfasis en la capacidad de conservación de biodiversidad.

Contacto:

Teléfono: 5556229045

Correo: mariana.vallejo@ib.unam.mx

Researchgate: https://www.researchgate.net/profile/Mariana_Vallejo2

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